Motos Clásicas  Impalada 2014

Más de 300 Impala se dan cita en Barcelona

Publicado el martes 10 de junio de 2014
Más de 300 Impala se dan cita en Barcelona

La Montesa Impala es un fenómeno único en los anales motociclistas. En Barcelona es moto de culto y utilización diaria. No gusta estar estática en museos, prefiere la calle y la carretera. Es para lo que fue diseñada por Leopoldo Milá y fabricada por Montesa en 1962.

Una vez al año, el Moto Club Impala convoca un encuentro con recorrido rutero al estilo de los rallys de su época. En la comida clausural muchos de los protagonistas de antaño imparten testimonio de gestas históricas. En esta ocasión, la nieta del fundador de Montesa, el "Senyor Pere" Permanyer Puigjaner, nos rinde relato de la Impalada 2014.



Nadie se podía imaginar que más de 50 años después de su nacimiento el mítico modelo de Montesa, la Impala, seguiría reuniendo anualmente a 300 unidades impecablemente restauradas para recorrer los casi 200 km que anualmente selecciona el Moto Club Impala para la "Impalada".
 
La Impalada reúne a impaleros de muy variada tipología: los que cogen la moto a diario pero sólo por ciudad, los que salen el fin de semana para disfrutar de las carreteras e incluso los que han hecho largos viajes cruzando fronteras. Experimentados o no, todos con un mismo objetivo: pasar una jornada rodeados de una moto que se ha convertido en un símbolo de Barcelona, por su estética, comodidad y sencillez: la Impala.
 
En la "Impalada" se pueden ver modelos como recién salidos de fábrica, con todos los detalles cuidados y originales, modelos con o sin carenado, la mayoría rojas aunque también verdes, azules, negras, amarillas... y todos los modelos producidos, variantes de aquella primera Turismo del 62 evolucionadas en la Kenya, Texas y Sport, hasta la Impala2 resurgida en los años 80.
 
Yo soy miembro del Moto Club Impala desde hace tan sólo 4 años. De hecho mi Impala la compré hace 6 años, aunque hace algunos más que frecuento la "Impalada". Es la suerte de formar parte de la familia fundadora de Montesa y pertenecer a la tercera generación: siempre hay algún pariente dispuesto a cederme su Impala para no faltar a tan importante cita.
 
Centrémonos ahora en el sábado 31 de mayo, fecha establecida este año para la Impalada. Todos con la mirada puesta en el cielo debido a las lluvias de los últimos días. El día amanece despejado y bonito, parece que tendremos un tiempo agradable. Antes de las 7:00h, los miembros de la organización ya están en las Fuentes de Montjuïc preparando la salida, mesa para las acreditaciones de los inscritos y mesa para tomar el primer café del día. Las primeras Impala van despertando la ciudad con su inconfundible petardeo, la plaza se empieza a teñir de rojo. La emoción se mezcla con los nervios de que todo salga bien, esto ya está en marcha.
 


Es importante salir a las 9 en punto puesto que la ruta este año es larga, llena de curvas y preciosas carreteras. Después del briefing correspondiente, patada y gas. Arranca la larga fila de alegres Impala. Recorren buena parte del Circuito de Montjuïc para dirigirse hacia el Maresme. Los más veloces van delante siguiendo los marshalls rojos, los más tranquilos van a continuación siguiendo a los azules. De vez en cuando una Impala parada a la derecha es atendida por un marshall amarillo. Muchos cambios de bujía este año, pero pocas motos cargadas en la furgoneta de asistencia.
 
La caravana avanza, Llavaneres, Arenys de Munt, Vallgorguina, carreteras que parecen diseñadas a propósito para hacerlas con Impala ¡Qué bien se adapta la moto a este tipo de curvas! Se llega el primer reagrupamiento rápido en una gasolinera. Con el depósito lleno, una 175 podría hacer toda la ruta sin repostar, pero no todos son tan previsores, además una 250 acostumbra a ser algo más exigente de combustible. Se reemprende la marcha con la primera variante del día, directos a Hostalric los que quieran hacer menos curvas. Los otros, pasan por Breda i Sant Feliu de Buixalleu para darle un poco más de caña. Una nube negra rompe la harmonía del cielo azul que nos ha acompañado toda la mañana. Descarga cuatro gotarrones que convierten el pavimento seco y estrecho en deslizante, así que toca bajar un poco el ritmo para evitar incidentes. Se llega a Hostalric con el cielo de nuevo despejado, aquí nos espera un aperitivo para reponer fuerzas.
 
Los esfuerzos de la organización para que el grupo no quedara dividido ha surgido efecto; la moto que cierra la Impalada también llega a tiempo para disfrutar del aperitivo. Hay quien aprovecha para dar algunos retoques a su moto, alguna matrícula medio caída, algún cable de embrague a punto de romperse, mejor cambiarlo. El tiempo para volver a poner las motos en marcha sobre el horario previsto y a la carretera. Otra vez hay una alternativa para los que deseen ir directamente a Lloret de Mar (donde se sirve la comida), o los que quieran acabar la Impalada con una bonita imagen siguiendo la caravana desfilando entre curvas al lado del mar, pasando por St. Grau y Tossa de Mar.
 


Llegada bastante compacta a Lloret de Mar. Se alinean las motos para que la foto quede bien. Intercambio de opiniones y primeras charlas en las puertas del Hotel Rigat donde comeremos. El nubarrón negro nos persigue y nos apresuramos a entrar. Esta vez descarga con fuerza, afortunadamente ya estamos a cobijo. La comida es muy animada, transcurre entre conversaciones distendidas y batallistas de los participantes. Con el café llega el turno de los reconocimientos.
 
Este año, Kiku Romeu, quien fue impulsor de la primera Impalada en el año 1980 desde su "Taller de Reparaciones KIKU", santuario de impaleros, ha decidido volver a venir a la Impalada. Gran efeméride que el Moto Club le agradece obsequiándole con un depósito en miniatura del reconocido miniaturista Pere Tarragó. También hay mención especial para los que vienen de más lejos, esta vez recibe trofeo el amigo Eladio. Ha cruzado la península desde asturias con su mujer e hija que no se han querido perder la Impalada. Pero  quien se lleva la palma es Ed que ha venido de Shanghai. ¡Y parece que se va con ganas de repetir! El tercer y último reconocimiento, para la familia más numerosa de esta impalada, los Grífols, que han conseguido reunir a 12 miembros de este clan familiar sobre sus respectivas impalas.
 
Un año más y gracias a la organización de un grupo amateur que ha cuidado todos los detalles, desde pedir permisos a todos los Ayuntamientos hasta poner a marshalls en todos los cruces un poco complicados, la fiesta anual de la Impala ha sido un éxito y ha permitido seguir manteniendo la Impala "VIVA".


 
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