Prueba Yamaha XJR 1300: 20 años no son nada

Comentar Publicado el martes 21 de junio de 2016
Prueba Yamaha XJR 1300: 20 años no son nada

Cuando tienes menos de 20 años, estás deseando llegar a esta veintena. Cuanto tienes más, querrías menos... La Yamaha XJR 1300 se sitúa en el justo punto medio, con experiencia a sus espaldas y reciente renovación.

Hay motos que se llevan con el puño derecho actuando sobre el acelerador y otras que se pilotan con el alma. La Yamaha XJR 1300 está claramente en el lado de las segundas, una moto que cumple dos décadas entre nosotros, y con tanta alma como el tango Volver de Carlos Gardel: "...sentir que es un soplo la vida, que 20 años no es nada...".

Si te subes a ella y ya comienzas a buscar desde el primer metro recorrido cómo van sus suspensiones, cómo responde el motor, qué tal funcionan sus frenos... es que te has equivocado de modelo tanto como de segmento. Lo podrá hacer a las mil maravillas, aunque difícilmente conseguirá un comportamiento dinámico como el de motos con diseños más específicos para maximizar su rendimiento. A mí, como a ti en el caso de que la Yamaha XJR 1300 te toque el corazón, esto me da exactamente igual.





Me da exactamente igual porque podría tener un motor que corriera más, pero no te dejaría absorto por su imagen única y por su suavidad antepuesta a las prestaciones puras; porque podría ser más confortable en autovía si equipara una pantalla, pero entonces no transmitiría la esencia que te obsesiona; porque podrías desear una mayor velocidad de paso por curva, pero no cambiaría mi vestuario Dainese-AGV Vintage por un mono de cuero y casco integral de última generación.

¿Qué te quiero decir con todo esto? Te habrás dado cuenta que no me he sentado delante de una pantalla en blanco de Word en mi ordenador para explicarte las virtudes y defectos en acción de una moto recientemente renovada por Yamaha. Para ello ya te ofrecimos en su momento la presentación mundial de la mano de nuestro colaborador Alan Cathcart. Lo que pretendo es transmitirte todo lo que te puede aportar una moto como la Yamaha XJR 1300 más allá de trasladarte del punto A al B con las soluciones más vanguardistas o útiles. En otras palabras, lo que te va a hacer soñar despierto o dormido más que lo bien o mal que la vas a sentir a sus mandos. Y en el caso de las motos retro, sinceramente creo que esta primera intención supera con creces la segunda, aunque también sea relevante, por supuesto. Si no, algo falla.



Disfrutar la Yamaha XJR 1300 en sueños

Cuando descubrí por primera vez la original Yamaha XJR 1200 en 1995 sabía que iba a ser una moto tan reconfortante en directo a la miras o por el simple hecho de ser tuya que cuando te subieras a ella. Es una mística que va más allá de la simple relación física hombre-máquina. Siempre he sentido una fascinación irresistible por las primeras épocas de las superbikes de verdad. Me refiero a las carreras del AMA de la década de los ´70 y principios de los ´80, con pilotos como Mike Baldwin, Reg Pridmore, Ron Pierce, Wes Cooley... también Eddie Lawson o Freddie Spencer, sobre todo con modelos japoneses de cuatro cilindros y manillar alto. Aquella Yamaha XJR 1200 y la posterior Yamaha XJR 1300 de 1998 cumplían a la perfección con mis sueños de aquella época. Sí, el mundo de las deportivas estaba a finales de los ´90 monopolizado por las CBR, GSX-R, ZX o YZF de turno, pero tú me entiendes, no es lo mismo...

Una de las características que hacen muy especial la Yamaha XJR 1300 es que nació mucho antes de la actual e irresistible moda retro. Cuando otras marcas intentan subirse a este "carro" a toda prisa, firmas como Yamaha lo pueden hacer a pecho descubierto con una tradición más que asentada. Este sentido pionero es un plus en este sector, y la XJR saca buen provecho de ello.



Hoy día, la Yamaha XJR 1300 se inscribe dentro de la serie Sport Heritage de la marca japonesa que realmente deriva de versiones originales de antaño. Así, está en línea con sus hermanas SR 400 o VMAX, mientras que, por otro lado, las ediciones XSR 700/900 o XV 950 han nacido sin ancestros reconocidos.



Este sentido de autenticidad no se refleja en un diseño puramente ortodoxo. En absoluto. Recibe un notable contenido de " preparación especial" de la mano de una horquilla con tratamiento DLC en negro, basculante acabado en este color y escape 4 en 1 (un 4 en 2 en la edición precedente hasta 2014). En esta misma línea recibe un faro más pequeño y un depósito que reduce la capacidad de 21 l. a 14,5 l., ahora construido en plástico, ya no en aluminio. La consecuencia inmediata es que la autonomía se reduce drásticamente, con un total entorno a los 210 km para un consumo alrededor de los 6,5 l./100 km en conducción normal, además de la imposibilidad de poder utilizar una maleta sobredepósito con imanes.

Dos amortiguadores traseros (dos buenos Öhlins), relojes analógicos (con pequeña pantalla pequeña digital en el centro), refrigeración por aire, horquilla telescópica convencional... ¡eso es retro! Personalmente echo de menos el colín de la evolución anterior, una maravilla R de época que ahora se sustituye por un asiento para el pasajero que simula una tapa deportiva. ¿Coincides conmigo?



Disfrutar la Yamaha XJR 1300 también despierto

Después de tanta oda al pasado, toca subirse a la Yamaha XJR 1300 y sentir en la realidad lo que te susurra al oído en parado. Todo funciona como debe en una moto moderna, lo "retro¨" es solo imagen. Era de esperar.

No es una moto ágil, nunca lo ha pretendido, pero cuando entra en curva es muy estable. Todo la técnica de conducción que te requiere para llevarla rápido te hace sentir muy especial, casi un súper-héroe. Aunque con otras motos vayas por la misma carretera mucho más deprisa, la exigencia de esta Faster Son te desborda de satisfacción. Mira una fotografía de una curva trazada por Eddie Lawson con su Kawasaki Z 1000 y otra con la Yamaha YZR 500 de GP y lo entenderás perfectamente.



La sensación de fluir de cada Nm de par en cada estirada de rpm buscando la siguiente marcha es celestial. No necesitas subirla en exceso de vueltas, mejor sentir el empuje melifluo de sus tetracilíndrico en línea refrigerado por aire. Y su caja de cambios con cinco marchas está diseñada a la perfección para su objetivo. No estás buscando constantemente la sexta como ocurre en la FJR 1300 previa a la actual versión 2016, sino que te invita a relajarte y rodar en modo automático en quinta sin esfuerzo y con todo el respaldo de su musculatura.

Esta sensación de suavidad se extiende a todos sus parámetros. Las suspensiones reaccionan con calidad, un nivel que me ha recordado a la última serie Bonneville de Triumph también equipada con doble unidad posterior. En clave deportiva, estos amortiguadores utilizados en la Triumph Bonneville Thruxton R demuestran todo su potencial. También los frenos funcionan con corrección, sobre todo teniendo en cuenta su peso.



Ahora bien, ¿y el ABS? Parece increíble que Yamaha no haya tenido en cuenta la obligatoriedad en Europa de la normativa Euro 4 a partir ya de enero de 2017 para todas las nuevas matriculaciones (enero 2016 para nuevas homologaciones). ¿Significa esto que la Yamaha XJR 1300 tiene fecha de caducidad 12 de diciembre de 2016? Parece poco probable que tenga sucesora tras solo dos años de existencia. Y si se trata de una mera adaptación de un sistema ABS, ¿por qué no desde su lanzamiento? Ya me estoy imaginando una XJR 1300 con motor derivado de la Yamaha FJR 1300 al estilo de la ya descatalogada Honda CB 1300, en este caso sí con ABS y con la infinita serie de soluciones técnicas a la última de la sport-turismo de la marca del diapasón. Cierto que el carisma retro sería inferior, pero es una buena forma de extender el catálogo Faster Sons.



Esta animadversión por la tecnología de vanguardia se traslada a todos sus órdenes. La Yamaha XJR 1300 carece de selección de mapas de motor o de control de tracción sí presentes en la neo-retro Yamaha XSR 900. Por ejemplo, una Triumph Bonneville Street Twin, por ejemplo, sí equipa este último sistema como medida de seguridad y no pierde un ápice de autenticidad ni personalidad. Detalles de este estilo es lo que distingue a las motos retro de las motos clásicas...

El idilio, en cualquier caso, no se frustra en absoluto. Tampoco porque el motor desprenda un calor evidente en días calurosos que, en cambio, no te ayudan conduciendo con pocos grados centígrados, o que los retrovisores sean más simbólicos que prácticos. Lo dicho. Hay motos que se llevan con el puño en el acelerador y otras con el puño en el alma. Estos últimos son los kilómetros que más disfrutas, incluso cuando estás parado.



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