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Prueba Triumph Rocket 3 R: Fly me to the moon

Publicado el viernes 06 de noviembre de 2020
Prueba Triumph Rocket 3 R: Fly me to the moon

¿Sabías que este famoso tema no fue originariamente de Frank Sinatra? Sí, él es el intérprete más famoso del tema, pero fue en 1964 cuando la introdujo en su repertorio, mientras que su composición data de los años 50. Estamos de hablando de cohetes espaciales, como la Triumph Rocket 3 R.

Es un dato sorprendente o al menos a mí me lo ha parecido cuando lo he consulté. También me ha sorprendido leer que ni siquiera se llamaba así al principio, sino que está rebautizada en los 60, cuando se convirtió en el himno extra-oficial de las misiones estadounidenses Apolo a la luna. Antes se titulaba "In other words", frase que repite varias veces, al contrario que "Fly me to the moon", que es simplemente la primera frase del tema.

¿Y por qué me ha dado a mi hoy por este tema? La asociación es obvia. Te montas en nuestra protagonista, un cohete inglés que se denomina precisamente Rocket, aceleras fuerte y entonces ella podría perfectamente "fly you to the moon". ¿Recuerdas esa escena del final de la película "Space cowboys"? Tommy Lee Jones se ata al satélite soviético y dispara los misiles para dirigirse hacia la luna. Aquí ocurre algo similar, pero sin atar, porque imagina lo que puedes llegar a sentir a bordo de este cohete de dos ruedas, tres cilindros, 2,5 litros de cilindrada y 221 Nm de par.



Pero seamos sensatos: ¿sólo sirve para esto? Porque en el fondo esa es la pregunta que casi todos nos hacemos cuando estás ante una moto como esta, grande, apabullante, con unas cifras muy por encima de lo habitual en peso y potencia o en tamaño de ruedas y demás. Y la respuesta es sencilla cuando la has probado: no, en absoluto. Es una moto muy agradable y divertida en carreteras de buen asfalto. Sobre todo, con curvas abiertas en carreteras amplias.

La Triumph Rocket 3 ha cambiado con respecto a su antecesora. La anterior Triumph Rocket III (con el número romano, ahora ya es Rocket 3 oficialmente) nació como una "big cruiser". La idea de Triumph era ofrecer una moto para el mercado americano de ese segmento, aunque allí no obtuvo el éxito esperado. La moto se leyó, sin embargo, por parte del público, como una roadster más parecida a una Yamaha V-MAX que a una de esas cruiser, estilo Harley-Davidson Road Glide u Honda Gold Wing. Con razón.

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Su origen, al menos en el nombre, está aún más lejos en el tiempo, concretamente en 1968. Esta moto hereda la denominación de una de aquellas motos que a finales de los 60 se hicieron en Inglaterra tras la unión de las marcas más importantes de la época, en un intento de salvar el hundimiento de la industria británica. De aquella nueva industria nació la BSA Rocket III, también comercializada como Triumph Trident, ambas tricilíndricas de 750 cc. Se fabricó hasta 1975 y tuvo un éxito relativo, pues el lanzamiento de la Honda CB 750 Four, bastante más adelantada técnicamente, la eclipsó, siendo así uno de los más claros ejemplos de cómo los japoneses vencieron aquella guerra de las motos grandes a los británicos en los años 70. Aquella primera Rocket III se ganó fama de rápida al batir récords de velocidad en Daytona, unos registros que solo superó la Kawasaki Z1 en 1971.



CÓMO ES LA TRIUMPH ROCKET 3 R

Hay motos que vienen definidas por sus cifras. Lo demás es consecuencia o viene dado por estos datos, como chasis, electrónica u otras decisiones. Todas las decisiones que se han tomado sobre cómo debe ser la moto derivan de la necesidad de alcanzar esas cifras.

Por ejemplo llegar a una cota de 221 Nm de par máximo. Si quieres alcanzar esa cifra debes recurrir a un motor muy grande, unos 2.500 cc de cilindrada en este caso, y que al ser una Triumph, en buena lógica, debe ser de tres cilindros. Esto significa una cilindrada unitaria de 833 cc, lo que equivale a "un pedazo de bloque". Ese conjunto y el par que alcanza necesita un chasis importante para no retorcerse, y un bastidor grande requiere suspensiones a la altura, por ejemplo, con una horquilla con barras de 47 mm de diámetro. También una rueda trasera capaz de transmitir todo ese par. Quizás en el caso de la rueda trasera de 240 quizá también se haya decidido en función de una estética bestial, porque con menos neumático hubiera bastado seguro. Pero solo con esto que hemos dicho ya estamos cerca de los 291 kilos en seco de pesoa; súmale los frenos (dos discos de 320 mm como mínimo), una carrocería minimalista, la tecnología electrónica necesaria para hacer de ella una bestia controlable y obtienes una Triumph Rocket 3.



El propulsor es el más grande en cilindrada de la producción mundial. Su desarrollo parte del anterior; el 2,3 litros de la Rocket III. Se ha elevado hasta los 2.458 cc y por el camino se ha aumentado la potencia un 11% con respecto a aquel y se ha elevado su capacidad de girar hasta las 7.000 rpm, donde comienza la zona roja. Alcanza el par máximo de 221 Nm a 4.000rpm, pero desde más abajo ya tienes una cantidad ingente de empuje y lo mantiene por encima de esa cifra. Aun así, el motor es 18 kg más ligero que el de la Triumph Rocket III precedente. Se han modificado los ejes de equilibrado, cigüeñal y cárteres, que ahora incorporan lubricación en seco. El cambio es de seis velocidades, muy suave, con embrague asistido y, por supuesto, acelerador electrónico, lo que permite implementar toda la electrónica necesaria.

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En este sentido incluye cuatro modos de conducción (deportiva, carretera, lluvia y configurable) que en el nuevo cuadro TFT vienen representados no por los clásicos términos en inglés (Sport, Road, Rain y Rider) sino por iconos gráficos. Este cuadro es de última generación e incluye todas las funciones que te puedas imaginar: conexión con el teléfono, varias visualizaciones, toda la información del mundo e incluso viene preparado para conectar una GoPro que puedes manejar desde el cuadro y las piñas. Estas también son nuevas, bastante intuitivas y retroiluminadas.



Desde luego monta control de tracción y ABS "cornering"; ambas aplicaciones dirigidas mediante una nueva centralita inercial IMU. La Triumph Rocket 3 cuenta también con un sistema de salida en rampa para ayudarte en estos casos y llave de proximidad, de forma que puedes arrancar, pararla e incluso bloquear la dirección sin sacar la llave del bolsillo. Se echa en falta en una moto así que el tapón de gasolina no se haya adaptado a esta tecnología todavía, algo que otras motos, incluso de menor nivel, sí lo llevan.

La iluminación es, por supuesto, "full LED". Nuestra unidad lleva en el cuadro un enchufe de 12 v y otro (este segundo de serie) USB bajo el asiento. También como accesorio opcional hemos probado en esta moto el "quickshifter" de doble efecto, a lo que puedes añadir otras opciones interesantes como esa GoPro de la que ya hemos hablado o un sistema de control de presión de neumáticos.



El chasis, mínimo, es de aluminio y emplea el propio motor como parte estructural. El basculante es del mismo material y de un solo brazo por el lado izquierdo, enfundando el cardan de transmisión. Todo el conjunto de bastidor es 40 kilos más ligero que en la anterior Rocket III. Equipa suspensiones Showa, con un amortiguador trasero con depósito separado (bastante escondido) y completamente regulable. La horquilla invertida, de la misma marca japonesa, exhibe barras de 47 mm de diámetro y se puede regular en compresión y extensión. En los frenos dispone de las exquisitas pinzas Brembo Stylema que actúan sobre discos de 320 mm de diámetro.

La Triumph Rocket 3 es una escultura rodante, con los colectores de escape hidroformados, con esa forma de columnas desde arriba hacia abajo; sus llantas con la trasera absolutamente masiva, en aluminio fundido y mecanizado, o el brutal neumático Avon Cobra Chrome de 240 mm desarrollado específicamente para esta moto. Es todo grande, excesivo visualmente. El propio deposito, bastante plano, es, visto desde arriba, muy ancho. En cuanto a los asientos tienes varias opciones a elegir. Puedes optar a estos que ves en nuestra versión Rocket 3 R o a los de la versión GT con respaldo para el pasajero, o a un esquema monoplaza. Las estriberas son regulables en altura en 15 mm en esta versión (25 mm en la GT) y los del pasajero, perfectamente integrados, llevan un original sistema de plegado "en dos fases".



El resto de la moto está al nivel de su imagen. Los acabados son espectaculares, con detalles como el tapón de gasolina imitando a los antiguos, que en Triumph denominan "tipo Monza", la banda de aluminio cepillado que sujeta por arriba el depósito o los cables integrados por dentro del manillar son solo algunos de los detalles de una Triumph Rocket 3 R que ya enamora entrando por los ojos, antes de subirte en ella.

CÓMO VA LA TRIUMPH ROCKET 3 R

La Triumph Rocket 3 es una "muscle bike" por definición, una moto con una bestial capacidad de acelerar y apariencia masiva que, dinámicamente, también es capaz de rodar con cierta deportivad dentro de las limitaciones de su posición de conducción y peso. De hecho, es la más "muscle" de todas esas "bikes". Si echas un vistazo a las motos pertenecientes a este pequeño segmento encontrarás pocas rivales y ninguna llega a las cifras de esta en general. Encuentras las Ducati Diavel, con casi la misma potencia, más deportiva aprovechando que son más ligeras. Pero comparada con la Triumph esa musculatura que se le supone, tanto en apariencia como en par o cilindrada, es bastante menor. Es más "sport" y menos "muscle". ¿Yamaha VMax? Fue prácticamente la que inventó este concepto, allá por los 90, pero en su segunda vida, la actual, la moto ha desaparecido del catálogo Yamaha y únicamente sigue en venta en mercados el norteamericano. Moto Guzzi dispone de una Audace 1400 que está a medio camino entre una moto de este tipo y el eterno estilo neo retro de la marca. Con buen andar y muy agradable, sencillamente no es comparable por concepto.



De este modo, la Triumph Rocket 3 R es una moto única. Nada en el mercado te dará las sensaciones de esta moto. Es, como todas estas de las que hemos hablado, baja y larga. El asiento está a tan solo 773 mm de altura, pero es ancha. Aun así, con mis 1,65 m se llega bien al suelo, pero no con la suficiente seguridad como para no preocuparte ante inclinaciones no deseadas a baja velocidad. La sensación de naufragio inminente cuando se escapa un poco hacia un lado está ahí: son casi 300 kilos y necesitas o piernas muy largas o muy fuertes para evitar ese miedo, que por otro lado tiene una parte de irracional, porque en una semana con ella no ocurrió ni una sola vez. Esto quiere decir que está bien equilibrada.

La arrancas, y si hemos dicho que resulta una escultura rodante, el sonido es una banda sonora acorde a esa obra de arte. No suena como otras motos. Quizá recuerda al de un V6 bien afinado, pero más ronco. Grave, potente y tranquilo, pero con genio. Un golpe de gas y la moto insinúa que tiene cigüeñal longitudinal, pero es bastante menos importante el meneo lateral que pega que el de, por ejemplo, el bóxer de la BMW R 18.



El embrague es suave y el cambio perfecto en tacto, precisión y sonido. La posición resulta bastante cómoda, con un manillar muy ancho, algo imprescindible para mover el tremendo neumático delantero de 150 mm (que parece enano comparado con el trasero, pero es más ancho que el trasero de muchas trail grandes), además con una horquilla de 47 mm. Nada es ligero ni pequeñito en esta moto y el tren delantero lo demuestra cuando maniobras en parado. Una vez en marcha, parece mentira pero se lleva mejor de lo que te crees. Todo es suavidad, potencia controlada y un cúmulo de sensaciones acompañadas por el precioso sonido del tricilíndrico como no tendrás con ninguna otra moto.



La ciudad, como te puedes imaginar, no es el espacio preferido de la Triumph Rocket 3 R. Es grande, ancha y pesa. Sin embargo resulta muy controlable y puedes confiar en que el control de tracción y el ABS te ayudan en todo momento ante cualquier imprevisto en mojado, baches y demás sorpresas habituales en la ciudad. Se lleva también aquí mejor de lo que parece, pero no esperes adelantar mucho entre coches en los atascos. Además, en invierno será genial, pero con buen tiempo el motor resulta caluroso, echando el calor hacia arriba.

En la autovía es una moto con varias caras. A velocidades legales, con el control de crucero activado, llevas el motor ronroneando por debajo de la cifra de par y sabiendo que ante cualquier provocación puedes, de un simple golpe de gas, sin reducir, dejar detrás hasta a un caza despegando. Ahora bien, tras acelerar todo lo fuerte que quieras, vuelve a tu tranquilidad del control de crucero a velocidades moderadas, porque no hay protección aerodinámica y brazos y cuello acusan el esfuerzo.



En la carretera es divertida, a su manera. Inclina y se mantiene en la trazada con total nobleza de reacciones. Se nota mucho el buen agarre disponible, con unas suspensiones bastante duras, sobre todo la trasera, y los frenos muy potentes y dosificables. Sorprende una capacidad mayor de la esperada a cambiar de lado rápido en curvas enlazadas. Pero aun así llevas 300 kilos, con unas ruedas de un tamaño descomunal, en una posición de conducción que no ayuda a levantarla y llevar la moto al otro lado. Es preferible trazar fino por el sitio y disfrutar a la salida, abriendo gas con decisión en la marcha que quieras. Así, la Triumph Rocket 3 R es una moto agradable, incluso para llegar "fliying to the moon".

LO MEJOR

-Imagen impactante y bestial

-Terminaciones y acabados de lujo

-Respuesta y sonido del motor

MEJORARÍA CON

-Suspensión trasera dura en zonas bacheadas

-Calor del motor a baja velocidad

-Tapón de gasolina sin bisagra y con llave

ASÍ VEMOS LA TRIUMPH ROCKET 3 R

En carretera: 4

En ciudad: 2

Pasajero: 2

Confort: 4

Equipamiento: 5

Autovía: 4

(Puntuación de 1 a 5)

La Triumph Rocket 3 R no es una moto que busque polivalencia o prestaciones. Está fuera de los parámetros del resto del mundo de la moto. Es una obra de arte para admirar, escuchar y sentir, a su lado, pero también desde su asiento. El sonido que te llega, las sensaciones que transmite en una carretera de curvas, sin forzar el ritmo pero llevándola bastante rápido, acelerando, trazando fino, frenando fuerte si quieres e incluso tumbando más de lo que una moto así parece aceptar. No es la mejor en la ciudad, pero acepta llegar y salir de ella con cierta comodidad. En la autovía es agradable, rápida acelerando y muy estable, cómoda en general. Dispone de un gran nivel de equipamiento, aunque debes completarlo a través de sus accesorios y opciones, porque la Triumph Rocket 3 R es una moto en principio para uno. El pasajero va en un sitio justo, sin nada a lo que agarrarse que no seas tú. Y si te da por acelerar fuerte, sentirá también en los brazos el "furor" del tricilíndrico de 2.500 cc.

Fotos: Miguel Méndez



Más información de la Triumph Rocket 3

 

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