Montar en moto con pasajero: consejos para disfrutar con seguridad

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Montar en moto con pasajero: consejos para disfrutar con seguridad
Santiago Herrero
Santiago Herrero
El placer de montar en moto muchas veces se vive en compañía, pero hay que tener en cuenta unas cuantas claves para disfrutar de la experiencia y, sobre todo, hacerlo con la máxima seguridad.

La conducción de una moto con un pasajero alojado en el asiento de atrás es un asunto que, en ocasiones, se le dota de una importancia nula cuando, en realidad, representa una elevada dosis de responsabilidad para el piloto que se encuentra a los mandos. Hay quien dice que la moto y su esencia ha sido concebida para ser disfrutada por una sola persona, esto es, “quien manda”. Sin embargo, todos los que hemos gozado kilómetros de ilusión desde el asiento de atrás, en muchas ocasiones en tiempos previos a la obtención del carnet de conducir, somos conscientes de la importancia que supone la seguridad en manos tanto del propio piloto como del pasajero. Elije tú el porcentaje que equilibre, o no, la balanza entre uno y otro, pero sin lugar a dudas ambos deben perseguir la máxima seguridad durante el proceso de pilotaje, desplazamiento y diversión allá donde decidamos desarrollar nuestra experiencia en compañía.

No es extraño encontrarnos con casos en los que un conductor nunca ha experimentado las vivencias acumuladas desde el asiento del pasajero, desplegando un pilotaje despreocupado y, en cierto modo, demasiado agresivo a dúo, síntoma inequívoco de dos evidentes carencias: la primera, falta de educación y, la segunda, ausencia verdadera de lo que significa pasarlo bien situado en el asiento trasero, confiando su propio bienestar a otra persona… Dejamos, pues, a un lado inexplicables comportamientos dirigidos hacia los demás, con la dudosa intención de demostrar “no se sabe muy bien qué”. Conductas incívicas aparte, pasemos a desgranar cuáles son las claves de un pilotaje agradable y seguro cuando ambos asientos se encuentran ocupados por dos entusiastas de la moto.

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La moto también puede y debe ser disfrutada a dúo.

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-El hecho de comenzar por el principio no es solo una obviedad, sino también una obligación. Nunca te subas a una moto como pasajero sin el equipamiento necesario, esto es, con un casco, chaqueta, guantes, pantalones y botas homologados, o lo que es igual, con protecciones específicas para montar en moto. Los años de rodar con la chaqueta y los pantalones vaqueros «de marca» ya quedaron atrás. No seas tan vintage…

-Una vez equipado de manera conveniente, el piloto deberá ajustar la suspensión de la moto a las características del pasajero. Algo que, en función de la moto, será más o menos complicado. En un modelo de la más rabiosa actualidad posiblemente podrás modificar la carga soportada por la moto a golpe de botón, gracias a las suspensiones electrónicas; en otras apenas tendrás que actuar sobre el pomo de precarga de muelle para endurecer lo justo y optimizar el comportamiento de la moto, que es de lo que se trata. Por último, si tu amortiguación trasera requiere una llave de medio punto para jugar con los anillos que desplazan el muelle, tal vez te lo pienses dos veces… Sin duda, merecerá la pena. Piensa que peor sería un amortiguador sin posibilidad de ajustes en ninguno de los parámetros posibles.

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Con suspensión electrónica todo resulta más fácil.

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-Con la precarga endurecida en función del peso del pasajero (a lo que deberás sumarle el juego de maletas y lo que metas dentro de ellas si salís de viaje lejos de casa), este tendrá que subirse a ocupar su lugar. El piloto deberá tener muy claro el momento en el que se inicie la acción, ya que no serás el primero ni el segundo en caer “con todo el artesonado” hacia un lado, justo cuando el acompañante decide poner un pie en el estribo y cargar todo su peso pasando la pierna por encima del asiento y… En fin, un desastre. Por norma general, las motos con suspensiones de recorrido largo son más delicadas de “abordar” precisamente por la altura del conjunto. En realidad, no hay nada que sea insalvable con una breve indicación: avisar antes de pisar el estribo y, acto seguido, subir a bordo. En ese momento, el piloto deberá tener los dos pies bien firmes en el suelo para soportar los movimientos producidos por la acción del pasajero. Como ves, nada complicado ni para uno ni para otro, siempre que todos estén sobre aviso de lo que hace cada cual.

¿Qué debe hacer el pasajero antes de iniciarse la marcha? En principio, nada. Es tan sencillo como relajarse y dejarse llevar siempre, como se ha indicado más arriba, que el piloto tenga en cuenta que no rueda solo y que el hecho de llevar acompañante implica no solo responsabilidad a los mandos, sino también una dosis extra de “cariño” y suavidad para evitar molestos «daños colaterales» en aceleraciones, frenadas, recuperaciones o maniobras repentinas. Así pues, el pasajero se agarrará a las asas de la moto (si las tuviere) de manera relajada, sin ejercer fuerza sobre los asideros; algo sencillo siempre que el piloto “fluya” con la moto como el pasajero espera que lo haga. Por tanto, incluso solo una mano sería necesaria para mantenerse alerta y hacer frente a cualquier brusquedad inusitada. Los pasajeros que se agarran a la cintura del piloto obtienen un solo bloque, lo que ya es mucho en términos de ergonomía y reacciones “amables” de la moto y la conducción. En este caso, no estará de más hacerse valer de las piernas, apretándolas ligeramente contra el piloto. Las manos del pasajero nunca se situarán sobre los hombros del piloto o rodeando el pecho.

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Las asas ofrecen la mejor asistencia al pasajero.

¿Debe el pasajero tirar el cuerpo hacia dentro de las curvas o, al contrario, quedarse rígido en su asiento? Ni lo uno ni lo otro. En el primero de los casos, la mera acción de inclinar el cuerpo hacia el interior de un giro provocará que la moto caiga más hacia ese lado de lo que el piloto busca y desea por sí mismo. Piensa que es el conductor el responsable de lo que la moto haga o deje de hacer, de cómo entra en la curva, cambia de dirección o «la deja correr» antes de llegar al punto de contacto en cualquier giro. Justo al contrario, la rigidez en una moto se encuentra totalmente prohibida, y no solo nos referimos a la acción del acompañante. De todos modos, un compinche nervioso y “recto” como una vela suele ser bastante más peligroso que un piloto alterado… ¡o la suma de ambos! En pocas palabras, el pasajero debe acompañar al piloto en sus acciones, sin más; ni ayudarle con un “empujoncito de caderas” ni nada por el estilo. Simplemente acompasar sus acciones. Con eso será suficiente para que todo fluya como debe.

-¿Cuándo molesta menos un movimiento del pasajero sobre el asiento? Sin duda en plena marcha. Ten en cuenta que si tienes el trasero adormilado por llevar ya unos cuantos kilómetros en la misma posición, un cambio de “posaderas” será más adecuado durante la marcha que al parar, momento en el que tal vez pilles al piloto desprevenido, posiblemente con un solo pie en el suelo y, por tanto, con un apoyo parcial en estático. Si lo desestabilizas con tu recolocación no sería extraño que acabarais los tres, el piloto, la moto y tú por los suelos. Una vez finalizado el trayecto, regresamos al inicio: el pasajero deberá avisar al piloto del “abandono de la nave”. Así este pondrá de su parte para que los movimientos del acompañante no provoquen un fatal desenlace. Práctico y sencillo.

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El pasajero no ayuda al pilotaje. Solo acompaña.

Podría decirse que, en general, se trata de medir con cautela los movimientos en cada momento, calculando cómo hacerlos o evitarlos provocando las menores molestias posibles el uno al otro. Un aspecto sencillo cuando hay química entre los dos… o al menos así debería ser.

 

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