En busca del -Sol de medianoche- (Parte I)

En Busca del "Sol de medianoche" es una serie de artículos en los que te mostraremos la ruta Italia-Cabo Norte en la que MotoGuzzi celebró su 90 aniversario y que Javier Herrero tuvo el privilegio de realizar en representación de Fórmula Moto.

Comentar Publicado el viernes 12 de agosto de 2011
En busca del -Sol de medianoche- (Parte I)

Este año toca celebrar aniversario en Moto Guzzi, el de los noventa años que llevan emitiendo música sus motores, sobre todo con acordes dos cilindros en V, y para conmemorarlo, pero también para rememorar la gesta del ingeniero Giuseppe Guzzi, hermano del creador de la marca, Carlo, que viajó en 1928 desde Mandello hasta Cabo Norte en una Moto Guzzi GT 500, la firma italiana convocó a una veintena de  periodistas europeos para repetir -en versión siglo XXI- aquella efemérides, con FÓRMULA MOTO como único representante de la prensa española.

No había estado nunca en Cabo Norte, aunque si en esa prospera Noruega a la que, sobre todo su petróleo extraído del Mar del Norte, ha situado en los primeros lugares de prosperidad y nivel de vida del mundo, un nivel que se aprecia en todos los ámbitos de la vida pero sobre todo en la conservación del país, de su naturaleza, con la capital, Oslo, como -botón de muestra- de esa prosperidad, un país de menos de cinco millones de habitantes y como tres cuartas partes de extensión que España. Del costo de la vida, mejor ni hablamos. Hay turistas, pero como que no quieren que aquello se llene: una botellita de agua de un tercio en un expendedor de supermercado: cuatro euros. ¡Será por agua en Noruega! Y una birrita en una barra de bar, lo mismo. A la vista de esto, y nuestro sol, no sorprende que sus habitantes bajen tan frecuentemente a estas tierras nuestras.

Sea como fuere, lo cierto es que Noruega, cual Meca motociclista -con Cabo Norte como objetivo-, bien vale una visita en la vida, y allá que me fui en el momento en que Proeuropa Motor, importador de Moto Guzzi en España, me tiró un anzuelo que no necesitaba de cebo para engancharse, tanto que del programa sólo miré las fechas, finales de julio. Lo demás lo dejé a expensas de la intendencia de Moto Guzzi Italia, que imaginaba lo tendría todo atado y bien atado. Como así fue.

De -Norge- a Norge

De la moto ni hablé con Proeuropa Motor. Teniendo -la parrilla- que tiene Moto Guzzi, cualquiera de ellas sería apropiada, incluida esa exclusiva y preciosa V7 Classic Café Racer, aunque teniendo una Norge en su catálogo, tampoco había que ser muy imaginativo para pensar que sería esta la moto: 1.200 cc, más de cien caballos- pero sobre todo una Gran Turismo, que uno no sabe lo que se va a encontrar, aunque sea en verano, por esa Europa en la que llueve todos los días pares y muchos de los impares. Además, si Giuseppe Guzzi había hecho lo que hizo en 1928 con la GT 500, y que cuando lo hizo -sólo- tenía 45 años, ¿quién dijo miedo?

De vuelta de Noruega, uno se imagina las carreteras que debía de haber por allí entonces, y es cuando si le da valor subir a Cabo Norte, pero al Cabo Norte de entonces y no el de las actuales autopistas suizas, alemanas o danesas y las, aunque retorcidas carreteras de Noruega, de trazado impecable y con un asfalto -lavado- por las muchas jornadas de nieve invernales y las abundantes lluvias estivales. Si a eso le sumamos que -Don Giuseppe- no llevaba en su primitiva GT 500 -Norge- (así bautizada en honor a la hazaña conseguida dos años antes por el ingeniero aeronáutico Humberto Nobile y el explorador Roald Admudsen de sobrevolar el Polo Norte en el dirigible Norge) ni ABS, ni parabrisas regulable, ni puños calefactables, ni na de na de lo que tiene la Norge 1200 GT, entenderéis su valor y no el mío ¿no?, aunque tampoco quiero quitar meritos a los que lo hacen actualmente de forma privada, ida y vuelta, porque nosotros fuimos, llegamos, hicimos las fotos de rigor junto a la esfera de Cabo Norte y, para casa ya en avión, justo un día antes de los graves atentados de Oslo que sacudieron la tranquilidad de la sociedad noruega y al resto del mundo.

Paso de Spluga



Esperando que llegase toda la tropa de periodistas que me acompañarían en el viaje, pude disfrutar de un día extra a orillas del lago de Como, una maravilla de la naturaleza- excepto en fin de semana. Llegar hasta allí el domingo en coche desde el aeropuerto de Milán (unos 50 Km.) fue volver a recordar los atascos -de domingueros- españoles de los sesenta y ochenta, con la diferencia de que estos italianos, en vez de conducir los Fiat -Cincuechento- de aquellos años, -manejaban- otros coches más grandes y potentes. Dentro iría, imagino, la suegra, la tartera con los spaguetti, la mesa plegable y demás. Las motos, muchas motos, lo tenían mejor, pero no tanto. La estampa -Felliniana- la complementaba las orillas del lago de Como, reflejo de cualquier pantano español de los setenta; no quito ni una coma.

El lunes no. El lunes, toda la ribera del Como era un paraíso, con Bellagio, en la punta de la -V- que dibuja este lago, luciendo como -mejor estrella- de la zona. Parada en Mandello del Lario para saludar a su alcalde y -carretera y manta-. Y nunca mejor dicho porque el viaje Mandello-Nordkapp fue un -todo tieso-, en el mapa, porque, de aperitivo, la carretera que nos llevaría a Suiza, ¡tela!

Me sorprendió no hacerlo a través del emblemático Stelvio, por aquello de que la mitad de las motos de esta travesía eran este modelo de Moto Guzzi, pero lo dicho, lo que primaba era el llegar a Noruega lo más recto posible y eso supuso hacerlo por el Paso de Spluga, no se si con tantos -tornanti- (-paellas-) como en el Stelvio, pero igual de rebuscadas: Primera, medio embrague y -salsipuedes-. Paradita en el camino para un aperitivo y, la bajada, ya en territorio suizo- pues como todo en Suiza: inmaculado, verde, con todo en su sitio- aunque con otra buena sesión de -tornanti-.



El lago de Como, en cuya parte oriental se asienta Mandello, es la maravilla que podéis ver en la foto. Lo de los fines de semana: toalla, hamaca, tortilla (perdón, spaguetti)- le quita todo el encanto. Pero diles a los milaneses que se queden en casa en julio.
En los próximos días les seguiremos mostrando esta magnífica ruta que nos llevo a Cabo Norte y en la que FÓRMULA MOTO tuvo el privilegio de estar.
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