Prueba Keeway K-Light 125: Retro custom

Publicado el miércoles 21 de noviembre de 2018
Prueba Keeway K-Light 125: Retro custom

Las custom fueron, durante muchos años, las motos más lógicas para quienes deseaban una 125 ciudadana un poquito menos espartana que una básica utilitaria, pero cómoda, económica y fiable. Ahora parecen verse desplazadas por las retro. Keeway no ha querido entrar en esa moda y ha confiado en una nueva K-Light 125 custom. ¿O no lo ha hecho?

Depende del punto de vista y de la definición que quieras hacer de cada segmento, porque si ves la publicidad de esta moto en Internet, la marca habla claramente de su inspiración en motos de los años 50 y 60. Sin embargo, está dentro de la clasificación que la propia marca hace dentro de las "Custom".

En mi opinión, podría tener cierto estilo retro, pero lo tengo claro: es una custom en todos los sentidos y tiene más bien poco de ese cariz retro, tan solo el que ya de por sí es consustancial a una moto custom. Pero, en realidad, ¿qué más da? La moto resulta estéticamente atractiva, no es cara, monta la última versión del conocido motor de la Keeway Superlight y es un modelo agradable de llevar. ¿No es eso, fiabilidad, economía y estética, lo que decíamos al principio que el mercado demanda al margen de las modas custom o retro? Pues ya está: la K-Light cumple de sobra con esas demandas.



En el fondo, eso es debido a que Keeway está demostrando que, después de muchos años en nuestro mercado, conoce bien "lo que se cuece". Lo demostraron ya hace unos años. Así, el lanzamiento de la gama naked-sport RKV y RKS supuso el inicio de esa prueba. Haz memoria. Unos años atrás, antes de la moda retro, en el mercado de las 125 cc naked había motos potentes, deportivas y caras, o económicas, muy básicas y utilitarias. Las RKV y RKS, en distintos grados de sofisticación, aunaban una estética sport junto a elementos destacados en suspensiones y equipamientos, con el motor y el chasis de una moto básica. Por supuesto, el precio se acercaba más al de esas básicas que al de las deportivas. Y fue un éxito comercial.



Ahora, efectivamente, no sería difícil para una marca como Keeway entrar en el juego de las retro. Se trata de coger cualquiera de sus modelos básicos y vestirlo con un depósito de formas redondeadas, unos cuantos cromados, un faro redondo y unas pegatinas vistosas. Pero lo cierto es que ese mercado debe estar ya hasta algo saturado. Sin embargo, las custom, que siguen teniendo un hueco interesante en el mercado, parecen olvidadas por las marcas. Apenas hay evoluciones, si bien es cierto que en los últimos meses se ve algo más de movimiento, con una nueva Hyousng Aquila S que está por llegar, las nuevas Macbor Rockster (por cierto, muy parecida a esta Keeway) y ahora esta K-Light, una custom que quiere ser retro o, al menos, luchar con ellas por el mismo cliente.

CÓMO ES LA KEEWAY K-LIGHT 125

Se define como una custom compacta y diferente a las clásicas y muy vistas 125 de este estilo que en su día poblaron el mercado. Es un gran trabajo de Keeway, porque debajo de este nuevo estilo, compacto, bajo y ágil, lo que encuentras es un chasis y un motor derivado del anterior modelo (que seguirá en catálogo): la Keeway Superlight.

La parte mecánica es básicamente la misma que se emplea en la Superlight en versión Euro 4, sobre la base de un chasis en tubo de acero, de doble cuna, bastante simple, que alberga el motor refrigerado por aire, con culata de dos válvulas y árbol de levas en el cárter (con varillas empujadoras -más auténticamente custom, imposible-). Incorpora árbol contrarrotante para evitar vibraciones y, por supuesto, cuenta con inyección electrónica de combustible. Es un motor agradable, como veremos después, capaz de alcanzar 10,4 CV a 9.000 rpm con un par de 8,9 Nm a 7.500 rpm.



En la parte ciclo destacan algunas diferencias con respeto a otras custom de Keeway. Se ha optado en la K-Light por una rueda delantera de 17" y una trasera de 15" (16" delante en la Superlight). La cubiertas tiene un dibujo que recuerda un tanto a los neumáticos de trail que se montan en algunas retro de estilo Scrambler. No tiene mucho sentido en una moto así, donde se agradecerían unos neumáticos de asfalto normales. Una horquilla telescópica estándar delantera y dos amortiguadores regulables en precarga y con botella separada configuran una suspensión que trabaja suficientemente bien, a pesar de su limitado recorrido trasero: solo 55 mm.



Los frenos están a cargo de sendos discos. Como es normal en una moto de este nivel de precio, se ha optado por un más económico sistema CBS de frenada combinada en lugar de la opción ABS. En este caso parece bien calculado, de forma que se mantiene buen tacto en ambos mandos, sin grandes interferencias y sin excesivo riesgo de bloquear de delante al excederte con los dos mandos trabajando juntos.



El equipamiento de la Keeway K-Light 125 es algo justo. A sus mandos destaca el uso de manetas y mandos "tipo harley", como ya se hacía con la Superlight, con unas manetas más anchas que las normales, cómodas y con buen tacto. Y los mandos de luces también son diferentes a lo habitual. Llevas un mando de intermitente en cada lado del manillar, imitando la disposición típica en las Harley-Davidson. El cuadro es minimalista. Consta de una sola esfera, digital, con cuentavueltas, cuentakilómetros total y parcial y velocímetro. Se echa en falta un reloj horario, pero dispone de un diseño original y acertado. Por lo demás, confía en una pata lateral, sin caballete central, y el contacto va en la parte inferior de la pipa de la dirección por el lado derecho, sin bloqueo de dirección. Para bloquearla, sacas la llave y tiene la cerradura del antirrobo a un palmo por delante del contacto.

CÓMO VA LA KEEWAY K-LIGHT 125

Llega el momento de probar la nueva Keeway K-Light 125 en marcha y lo primero que llama la atención son esas diferencias con las típicas 125 custom conocidas. Las líneas, a la vista está, son llamativas y originales, no es una custom más. Las formas del depósito recuerdan a las Sportster de Harley y las botellas de los amortiguadores quedan bien en una moto así. El portamatrículas, bajo y asimétrico, cogido al basculante por un solo lado, le dan un toque original a la estética de la parte trasera de la moto.

Pero todo esto influirá poco en su comportamiento dinámico. Sí resulta más importante, sin embargo, su tamaño. No parece derivar de la Superlight, y se siente una moto mucho más pequeña y ligera. Cuando te subes se aprecia que es aún más baja. Es, de hecho, una de las 125 cc más bajas de asiento del mercado, con solo 71 5mm de altura, 15 menos que en su hermana Superlight. Evidentemente, la suspensión trasera es bastante más corta. Así, es fácil subirte a ella e instalarte en el sillín. Las manos quedan algo elevadas y los pies adelantados, aunque no excesivamente, y con cualquier altura de piloto podrás encontrar una posición razonablemente cómoda.



El contacto se encuentra delante abajo, a la derecha de la pipa de dirección. Contacto, arrancas y emite un sonido agradable y discreto, ronco y sin sonidos mecánicos desagradables. Ahora bien, deberás recoger previamente la pata de cabra, porque no arranca con ella extendida a pesar de estar en punto muerto. Como no hay caballete central, no hay forma de calentar el motor mientras te equipas, salvo que las estés sujetando tú. El cuadro está en buena posición y los mandos, tanto mecánicos como eléctricos, tienen buen tacto y buena posición. Metes primera y sales. Parece algo perezosa en los primeros metros, aunque esto, como veremos, tiene su porqué.

En la ciudad resulta agradable. Es suave, cómoda y compacta. Es estrecha, gira lo justo, pero maniobrar a baja velocidad resulta fácil. Y con 715 mm de altura de asiento no es un problema bajar los pies para empujar sin motor o moverla hacia atrás sin bajarte. En lugares bacheados, con los pies en las originales estriberas metálicas y redondas y la espalda en posición muy recta, es mejor que lleves en mente que los amortiguadores traseros tienen poco más de 5 centímetros de recorrido.



Cuando sales a la carretera, la moto se comporta bien. Es estable, cómoda y agradable. El motor tiene par y es a regímenes medios donde se comporta mejor. Si lo subes de vueltas responde bien, pero las vibraciones (que no llegan a ser molestas) aparecen en los reposapiés. Saliendo desde parado o a muy bajas vueltas sigues notando esa pequeña pereza de reacciones. En cuanto llegues a una cuesta, descubres la causa: el desarrollo de transmisión es bastante largo y en 5ª, en cuanto hay algo de bajada, corre bastante. Con este sistema consigue llanear también con bastante soltura y solo las subidas muy empinadas le cuestan un poco, nada que no soluciones bajando una marcha, por lo que nos parece una solución acertada en un motor de poco más de 10 CV.



Frena muy bien, quizá con excesiva potencia si frenas con maneta y pedal, como se deba hacer, pero con buen tacto. La horquilla y amortiguadores también trabajan bien y no necesitas más. Hay mucha altura de las estriberas y la moto puede tumbarse con facilidad hasta que los extraños neumáticos que monta llegan al borde del flanco. Agarran bien en seco, aunque lo cierto es que no son los más apropiados para explorar los límites de la Keeway K-Light 125.

Fotos: Miguel Méndez



Más información de la Keeway K-Light 125

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