Honda CBR500 R: deportividad a lo grande

Publicado el jueves 11 de julio de 2019
Honda CBR500 R: deportividad a lo grande

Tras la obtención del permiso A2, la elección de la primera moto tiene una trascendencia mucho mayor de lo que parece. Honda lo tiene en cuenta y ofrece una gama que abarca todas las necesidades. Si este es tu caso y tienes inclinaciones deportivas, deberías seguir leyendo.

Decir que todos los que montamos en moto grande tuvimos una primera moto grande es una obviedad. Pero también es verdad que esa moto nunca se olvida, y que en buena medida marcará el devenir de nuestra experiencia motociclista. Hace años la legislación era otra. Aunque uno se podía comprar cualquier moto desde el primer día con el carné A, la oferta era más limitada que ahora.



Hoy día, con el A2 recién estrenado encontrarás gamas completas dentro de las marcas a tu disposición para elegir. Tal es el caso de Honda, que ha afrontado el cambio de legislación en Europa de un modo diferente al resto de marcas japonesas. Mientras sus rivales sacan al mercado modelos globales -adaptables a normativas diferentes a lo largo del mundo-, los japoneses han fabricado una gama exclusivamente para la normativa europea que pivota en torno al propulsor bicilíndrico de 500 cc como el que hoy nos ocupa y que demuestra ser todo un acierto.

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Que los modelos de una gama compartan motor no significa que su carácter sea idéntico. Honda ha programado electrónica y componentes para que cada modelo ofrezca una personalidad conforme a su segmento. En estas páginas ya hemos probado sus hermanas de gama –CB500F y CB500X- y su prima -Rebel 500- y cada una tiene sus peculiaridades.

En la Honda CBR500R –un nombre con pedigrí- se puede percibir un toque de pimienta, sobre todo cuando se busca la parte alta del cuentavueltas, acompañado de un aullido que resulta ser inesperado después de haber escuchado el motor a revoluciones medias y bajas. Porque esa es la característica principal del motor más allá de su potencia: una elasticidad, que al fin y al cabo, conviene en versatilidad.



El motor responde prácticamente desde el ralentí. A bajas y medias vueltas puedes notar la pulsión –que no vibración- del bicilíndrico, escuchar sus pistonadas; pero es a partir del medio régimen cuando parece que vas sobre un tetracilíndrico que brama rabioso. No hay duda, estás sobre una R. Incluso al cortar gas se escuchan gorgoteos "racing" que surgen de la cola de escape -con dos salidas de diámetro variable-, exclusivas de este modelo.

Ergonómicamente también es una deportiva. El triángulo cabeza-pies-puños te hace ir con las manos bajas, apoyadas en unos semimanillares abiertos en su justa medida, pero que te harán notar el paso de los kilómetros a partir de la segunda centena. No pasa así con los estribos, que se sitúan a una altura bastante razonable para ser una R. Si se quiere rozar con los avisadores habrá que emplearse a fondo en los giros más cerrados. Una moto deportiva, sí, pero perfectamente utilizable en el día a día, pues a la ergonomía se suma la suavidad de sus mandos.



La maneta del embrague es prácticamente mágica, pues apenas opone la mínima resistencia como para seguir teniendo tacto: mejor imposible. Nada como un buen atasco en el centro de la ciudad para confirmar este extremo. Otro punto a su favor es que no es una moto calurosa.

La suspensión delantera está muy bien resuelta. Solo dispone de regulación en precarga, pero con los reglajes de serie se muestra capaz de transmitir lo que ocurre debajo de la rueda delantera, y este es un punto vital en las motos de iniciación. Su progresividad transmite confianza y, en definitiva, es una cosa menos en la que pensar. A ello también contribuyen unos neumáticos de serie Dunlop Sportmax D222 que, al menos en seco, funcionan muy bien, ya sea en una mañana fría o una tarde calurosa.

Agilidad en el ingreso en curva y sensación de agarre son una constante y hacen un buen maridaje con la parte ciclo, algo fundamental en una moto de iniciación deportiva, como también lo es la capacidad de perdonar errores en las trazadas. La suspensión trasera, también regulable en precarga de muelle, se muestra un poco más seca de reacciones en los baches, pero cumple en general con nota.



Los frenos no desentonan con el conjunto. El tacto es bueno y la potencia de frenado suficiente, si bien un segundo disco delantero sería bienvenido. No obstante, encarecería un producto que ya es bastante redondo a un buen precio. El ABS está muy bien calibrado y solo entra en acción cuando se aprieta la maneta con la desesperación del que tiene menos metros para frenar de los que le gustarían.

Cómo va la Honda CBR500 R en marcha

Aunque sea una moto deportiva, en líneas generales es una moto cómoda que no pasa factura hasta que llevamos muchos kilómetros encima. El asiento del conductor es menos duro de lo que parece –el del pasajero sí- y es adecuada para multitud de tallas. Con mi 1,78 m me sentaba como un guante y tocaba perfectamente con ambos pies, pero había espacio para más estatura.

En ciudad

Sin ser su hábitat natural por los semimanillares, el tacto del embrague –perfecto- y del cambio –recorrido largo pero de funcionamiento impecable-permiten casi hasta disfrutar de los atascos. El motor responde desde abajo sin titubeos, y solo tendrás problemas con los espejos, perfectamente ineficaces. Mientras sean distancias cortas, las muñecas no se resentirán.

En carretera



El sitio adecuado para disfrutar de esta moto, cuantas más curvas, mejor. El motor se muestra capaz en toda su gama de revoluciones, y es suficiente como para perder todos los puntos. La parte ciclo está a la altura en los rápidos curvones y en los garrotes más retorcidos, siendo frecuente la sensación de que la moto podría haber entrado –y salido- más rápido en la curva anterior. Eso sí, a partir de 120 km/h comienza una lucha contra el viento que nunca podrás ganar a menos que te acoples con el depósito, pues la protección de la cúpula no da para mucho.

Así la vemos

La estampa de la moto no lleva a equívocos: es una deportiva. Sus dos faros delanteros delatan que pertenece a la estirpe de las CBR. Semimanillares, estribos, asiento, carenado y portamatrícula están en la misma onda. No te defraudará.

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La CBR500R es la moto perfecta para el apasionado de las motos deportivas que se acaba de sacar el A2. Con ella podrá experimentar todas aquellas lecciones de conducción que abundan por Youtube. Encontrarán en esta Honda la herramienta adecuada para iniciarse y, porqué no, ir a clase o al trabajo todos los días. Su versatilidad es máxima y permite darle todo tipo de uso.



Su consumo es excelente, rozando por debajo los 4 l./100 km que, junto a su depósito de 16,4 l. permite una autonomía teórica de más de 400 km. Pararás a descansar las muñecas antes de tener que repostar.

Los relojes digitales –en negativo- dan una información muy completa en distancias y consumos, pero la legibilidad del cuentavueltas es escasa, lo que, bien mirado, ayuda a cambiar de oído, que es como aprenden los campeones. Los espejos están situados casi por delante de la moto y se muestran muy efectivos para verse los codos. Para ver lo que hay detrás, habrá que estirar los brazos y sacar los codos del ángulo de visión.

Es una moto fácil de llevar, lo cual no quiere decir que solo sea divertida para principiantes, más bien todo lo contrario. Nos hemos quedado con ganas de probarla en circuito, donde a buen seguro es capaz de sacar los colores a algún modelo de relumbrón, sobre todo en la velocidad de paso por curva.

La sensación tras probar todos los modelos de la gama es que Honda es capaz de adaptarse a los cambios de normativas, tendencias y contexto social –crisis- con una rapidez y eficacia inusitadas, lo que reafirma su condición de primer fabricante mundial de motocicletas. Eso de por sí es una garantía muy importante de cara al que empieza a montar en moto, pues de la experiencia vivida depende que haya una segunda -y una tercera- moto. Y si repites marca, mejor para Honda.



Con pasajero

No es una moto pensada para disfrutar a dúo aunque esté homologada para ello, pues el asiento es duro y las reacciones a los baches secas. Mejor para trayectos cortos.

Lo mejor y lo peor

  • Facilidad de uso

  • Motor elástico. consumo.

  • Sensación de calidad

A mejorar

  • Espejos

  • Asa de pasajero testimonial

  • Lectura cuentavueltas

Ficha técnica de la Honda CBR500 R

Motor 4T, 2 cil. en línea; agua
Cilindrada 471 cc
Potencia máxima 47,6 CV a 8.600 rpm
Par máximo 43 Nm a 6.500 rpm
Chasis Tubular acero
Suspensión del. Horquilla telesc., 41 mm
Suspensión tras. Basc. acero, 1 amort.
Freno del./tras. 1D. 320 mm/D. 240 mm
Neumático del. 120/70-17
Neumático tras. 160/60-17
Long. máxima 2.080 mm
Entre ejes 1.410 mm
Altura asiento 785 mm
Cap. depósito 17,1 l.
Peso declarado 192 kg 
Precio 6.750 €




 


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