Honda Honda XL700 V TransAlp

Costa Vasca

x1Tras la completa renovación sufrida en 2000 y los pequeños cambios introducidos en 2005, tenía verdaderas ganas de someter a la nueva TransAlp, ahora con 680 cc, a una de nuestras exigentes pruebas en ruta. Y mucho más después de las buenísimas impresiones que dejó durante su presentación mundial, con un interesante viaje TransAlp-ino por carreteras de Francia e Italia. Pero hoy nosotros estamos en San Sebastián, saboreando un día de verano a finales de marzo, con las terrazas de la Plaza de Cervantes, junto a la playa de La Concha y de la Avenida del Boulevard.

Comentar Publicado el lunes 16 de junio de 2008

Zonas repletas de gente dispuesta a no desaprovechar estos primeros días de sol, y mucho menos tras los pasados días de fortísimo temporal que han dejado el Paseo Nuevo muy dañado, con gran parte de la balaustrada desaparecida. Dicen que llegaron olas de más de 10 m. Abandonamos la bella ciudad guipuzcoana por la empinada carretera del Monte Igueldo y disfrutando con la maravillosa vista de la bahía de La Concha, antes de enfilar la estrecha y muy tortuosa carretera de segundo orden que bordea los acantilados del Cantábrico.Esta ruta ofrece bellísimas panorámicas y está muy concurrida durante los fines de semana, especialmente por donostiarras que aprovechan su escaso tráfico para estirar las piernas y recorrer a pie gran parte de su trayecto. La TransAlp se mueve como pez en el agua por esta apartada ruta con firme de hormigón y muy bacheada. El tacto general de la moto es muy suave y agradable- una Honda de toda la vida. En este caso, la configuración en V del motor ofrece cierta personalidad y -buenas vibraciones-. Por otra parte, gracias al aumento de cilindrada la viene como anillo al dedo y ahora tiene -punch- suficiente para resultar divertida, con más sensaciones que la educada y práctica Deauville, con la que comparte motor (ver FM nº 15, marzo 2006). La nueva rueda delantera de 19- (antes 21-) es todo un acierto para asfalto y la moto ya ha perdido el tacto trail de todos los modelos anteriores, para -pisar- el asfalto como una auténtica moto de carretera. Eso sí, ahora sus aventuras todoterreno quedan severamente limitadas.

La nueva Transalp incorpora en sus fibras las coordenadas de la carretera más elevada de Francia, el Coll de la Bonete.

Orio y la nostalgia

Con estos pensamientos llegamos a Orio, en la desembocadura del río Oria, un antiguo pueblo acurrucado en la pequeña bahía, con playa de arena frente al Cantábrico. Esta población ha crecido una barbaridad y los chalets adosados ya llegan hasta el mismo borde de la playa. Poco tiene que ver Orio ahora con el pequeño pueblo de pescadores que visité por primera vez hace ya unos cuantos años, en mi primer viaje en moto con mi padre en una Iso 125 con sidecar, unas motos fabricadas en España bajo licencia y famosas por sus prestaciones y, sobre todo, por su original motor -bipistónico- con biela en forma de -Y- y cámara de combustión común. Alejo mis recuerdos de la infancia tras atravesar Zarautz, una populosa y muy comercial ciudad de vacaciones, bien conocida por su maravillosa playa de más de dos kilómetros de largo, una de las mayores del Cantábrico. Un buen lugar para descansar fuera de temporada, con un interesante casco antiguo alrededor de la Plaza de los Fueros, presidido por el bello edificio del Ayuntamiento. También resulta muy agradable caminar por el Paseo Marítimo, flanqueado por las bellas casonas y palacetes construidos por la alta burguesía vasca a finales del s. XIX.

La ruta de los vascos

La TransAlp es silenciosa y manejable y nos permite sortear cómodamente el gran atasco de automóviles que encontramos en la población. En estas condiciones, no nos gustó el calor que desprende el motor cuando el electroventilador se conecta, y mucho menos el feo ruido que éste produce durante su funcionamiento.

Por estas carreteras se disfruta de lo lindo con la TransAlp, de comportamiento fácil y muy eficaz.
De camino a Zumaia coincidimos con gran número de motoristas, pues esta ruta es una de las favoritas de los aficionados vascos. Aquí encontramos las primeras zonas de conducción realmente deportiva y podemos estrujar un poco esta Honda. La nueva TransAlp destaca sobre todo por su facilidad de conducción y nobleza. La posición de pilotaje se ha adelantado ligeramente con relación al modelo anterior y ahora vamos más cercanos a la rueda delantera, con un asiento muy cómodo y una postura excelente para sentir mejor la dirección y aumentar nuestra confianza. Para rodar rápido hay que estrujar el motor sin muchas contemplaciones, porque aunque hay buena respuesta a partir de 3.000 rpm, la potencia buena está por encima de las 6.000. El pueblo de Getaria es famoso por ser la cuna de Juan Sebastián Elcano, el primer marino que circunnavegó la Tierra en 1522, pero sobre todo por su famoso -ratón-, el cerro (Monte de San Antón) que se adentra en el mar, unido a tierra firme artificialmente durante el s. XV y junto al que se acurruca el puerto pesquero. El empinado casco antiguo, con pintorescas casas de pescadores y presidido por la Iglesia gótica de San Salvador (s. XIV al XVII) también merece una visita. C erca de Deba la carretera se vuelve más ancha y rápida, pero sin dejar de ser una ruta costera y de montaña. Aquí disfrutamos de lo lindo con la TansAlp, con su comportamiento -fácil- y muy eficaz. Naturalmente, en esta sinuosa ruta no está a la altura de la fantástica KTM Supermoto que probamos hace un par de números, pero sus 51 CV cunden y la moto resulta divertida y muy segura. Las suspensiones aguantan bien los ritmos rápidos aunque, en las frenadas más intensas, la horquilla, con largo y cómodo recorrido, se hunde muy rápidamente y descompone un poco la estabilidad de la moto. No queda más remedio que frenar un poco más suave y anticipar la maniobra. La comparación con la Suzuki 650 V-Strom, una superventas y realmente una moto muy completa, es inevitable. La -asturiana- es más voluminosa, con un carenado mucho más grande que protege muy bien al piloto. Su motor, también bicilíndrico en V, es un prodigio de finura y potencia y en los tramos más rápidos podría alejarse de la TransAlp, aunque en las carreteras más reviradas probablemente la Honda tomaría la delantera, pues se siente más manejable e intuitiva. Otra competidora formidable será la nueva BMW F650 GS, claramente por encima en potencia gracias a su motor de 798 cc, también con gran finura y más sensaciones, o Kawasaki Versys. Algunas trail monocilíndricas también podrían entrar en la comparación, como la nueva BMW XCountry que podría poner las cosas difíciles a las dos japonesas o BMW F650 GS en los terrenos más revirados, con un comportamiento impecable y aceptando una conducción realmente agresiva. Sin embargo, cuando la carretera se desenreda y se vuelve más rápida, la monocilíndrica bávara tendría que ceder ante el poderío de las bicilíndricas.
Playa de La Concha, de San Sebastián, con el monte Urgull al fondo. Junto a estas líneas, Zarautz, Getaria (al fondo, monte de San Antón) y una bien cuidada casa rural, abundantes por la zona. Luego, Zumaia, Deba, Motrico... una sucesión de pueblos para parar, y comer, a lo largo de toda la costa guipuzcoana.

Pueblos marineros

Motrico y Ondárroa son otras bellas poblaciones costeras, con casco antiguo de estructura medieval y que tienen su origen en los puertos pesqueros ubicados en sus pequeñas rías. Los pueblos se han extendido trepando por las laderas y han dado lugar a poblaciones de cierta entidad. Ondárroa resulta ahora más fotogénica desde que recurrieron al laureado arquitecto Santiago Calatrava para el diseño del nuevo puente sobre el río Artibai, inaugurado en 1995 y que une las dos partes de la población. El día es frío y la lluvia ha hecho acto de presencia con intención de quedarse. Resguardados en el bar Sutargi junto al puerto de Ondárroa, disfrutamos con la victoria de Pedrosa en el GP de España, en Jerez, degustando una maravillosa merluza a la vasca. De camino a Lekeitio la lluvia arrecia y nos obliga a redoblar la prudencia. La TransAlp se maneja muy bien bajo el manto de agua, con gran sensación de seguridad a sus mandos. El motor es muy suave y te saca sin titubeos desde 2.000 rpm, para empujar con fuerza y control total a partir de 4.000 vueltas. Es posible estirar por encima de las 6.000 rpm hasta la línea roja, pero no se consigue mucho y lo mejor del bicilíndrico está en sus medios. El amplio manillar y la erguida y adelantada postura de conducción ofrecen un magnífico control de la rueda delantera y la tranquilidad que necesitas bajo estas incómodas y difíciles condiciones. Los Bridgestone Trail Wing que calza nuestra moto de pruebas ofrecen agarre aceptable sobre mojado y resultan predecibles, detalle muy importante en el viejo y desgastado asfalto, salpicado de innumerables parches de variable agarre, que estamos atravesando. Eso sí, tal y como comentamos en el recuadro, se podían haber evitado los neumáticos con cámara empleados, una solución arcaica e impropia de una moderna moto del s. XXI, ya totalmente enfocada hacia el asfalto.

Este motor te saca desde 2.000 vueltas y se le puede estirar por encima de las 6.000 rpm, pero lo mejor está en sus medios.
Un café en el bar Marina, en el puerto de Lekeitio, nos reconforta del frío y la humedad. A través de los cristales de la ventana, observamos la nueva TransAlp y su brillante color dorado (también disponible en rojo, gris y azul). El nuevo diseño le ha sentado muy bien y ahora resulta armoniosa y atractiva. Más elegante e intemporal que agresiva, el gran faro doble de sofisticadas formas se erige en protagonista destacado de la silueta. Bien integrado en la línea de la moto, se mantiene en el lado derecho el eficaz y personalísimo escape doble con salida elevada, una constante de la TransAlp desde sus inicios. El acabado de los plásticos es bueno y la pintura está muy cuidada, pero se escuchan algunos crujidos y ciertas piezas de la carrocería parecen un tanto endebles. Aunque el consumo medio es muy razonable (5,82 litros/100 km de media durante el viaje con dos personas y equipaje), la capacidad del depósito se ha reducido en litro y medio en relación al modelo anterior, un d etalle que no será del agrado de los viajeros de larga distancia.
Puertos de Elantxobe , Ondárroa y Lekeitio, tan iguales, tan diferentes. La ruta la hemos hecho en un fin de semana, pero vale la pena detenerse por más tiempo en cada uno de estos pueblos.

Rodando bajo la lluvia

El pintoresco pueblo de Elantxobe nos recibe acurrucado en un apartado recoveco de la costa, con sus apiñadas casas trepando por la agreste ladera de la montaña, desde el pequeño, pero bien arropado, puerto de pescadores. Sólo con una moto tan segura y manejable como esta TransAlp te atreverías a atravesar el casco antiguo por su empinadísima calle principal, pavimentada con suaves cantos rodados y que un día como hoy, bajo la lluvia, resbalan como si pisaras continuamente una cáscara de plátano. Los pocos vecinos que encontramos se muestran asombrados y al final de la aventura recogemos nuestro premio en forma de magnífica panorámica de la costa y del pueblo desde lo alto.

Elantxobe es un pueblo acurrucado entre la costa y la montaña... Sólo con la TransAlp te atreverías a subir por su calle principal.
Las carreteras secundarias de esta zona se encuentran bastante descuidadas y bajo la lluvia resultan un tanto peligrosas. Entre la lluvia y probablemente el mencionad o GP de España, no encontramos hoy ni rastro de motoristas por este itinerario. En el bar Nemes, en el puerto de Bermeo, podemos por fin desprendernos de los trajes de agua y disfrutar con unos riquísimos -pinxtos- de bonito. Poco queda de romanticismo en este antiguo pueblo de pescadores, que posteriormente devino en una importante población alrededor de las industrias de conservas y salazones. Si acaso e l núcleo del puerto y sus casas multicolores. La moderna Bermeo es un lugar de vacaciones, bien equipado y que durante los meses de verano recibe una avalancha de visitantes. A partir de aquí la carretera costera hacia Bakio es una de las mejores del norte de España para los motoristas. La calidad del asfalto, su retorcido trazado y la belleza de los parajes que recorre, la convierten en una de las favoritas de los aficionados de Bilbao y recorrida en tropel durante los fines de semana.
En una ruta para RR y con asfalto húmedo, esta TransAlp se encuentra cómoda; en seco se echa en falta algo de potencia.
En esta ruta, perfectamente adecuada a una deportiva -RR-, la TransAlp se encuentra también cómoda y unos cuantos puntos por encima de su antecesora. Tal vez con el asfalto seco echaríamos en falta algo más de potencia, pero hoy, con el asfalto deslizante agradecemos la suave y directa respuesta del motor a la mínima insinuación del puño del acelerador. El cambio de marchas tiene un tacto sensacional y se puede multiplicar perfectamente sin tocar el embrague. Las e striberas están ubicadas en una posición ideal para ir cómodo, pero sin ir rascando el asfalto en las inclinaciones más atrevidas. Vuelve a llover a cántaros y no hay ni rastro de las -RR-; en la TransAlp se agradece la razonable protección del breve carenado y, sobre todo, de los paramanos instalados en el manillar. Con el mar a nuestra derecha y un verdor y humedad que lo llena todo, esta solitaria ruta es un placer para el motorista. Incluso en un día de lluvia y perros como hoy. Aunque esto sólo es posible con motos tan suaves, nobles y fáciles de pilotar como esta Honda. El apoyo del tren delantero es más franco que en la versión anterior, un detalle muy importante en esta ruta con larguísimas curvas, muchas de ellas ciegas y constantes -subeybaja-. Diversos miradores dispersos por la ruta permiten disfrutar de relax y espectaculares vistas de la costa Cantábrica, como la ermita de San Juan de Gaztelugatxe (s. X) ubicada en la cima de un impresionante tómbolo (parece una isla), unido a la costa por un estrechísimo itsmo y un viejo puente. Un nudo quiere asomarse a la garganta al pasar junto a las desoladas ruinas de lo que iba a ser la Central Nuclear de Lemóniz, una obra que sólo trajo dolor y sufrimiento a estas tierras y que ahora duerme abandonada en un paraje bellísimo y solitario. La llegada a Armintza pone fin a los bosques y parajes deshabitados, para entrar en la zona de influencia del Gran Bilbao. Así atravesamos Gorliz, Sopelana, Algorta y la señorial población de Getxo antes de entrar por la margen derecha del Nervión en Bilbao. A las puertas del Museo Guggenheim, obra emblemática de la moderna capital vizcaína, ponemos punto final a nuestro viaje.
Nuestro viaje finaliza a las puertas del Guggenheim bilbaíno; luego nos daremos una vuelta por la capital vizcaína. Las carreteras como la de abajo son una constante por esta zona del norte peninsular.

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