Prueba Harley Davidson Softail Fat Bob 114: In his way

Publicado el martes 18 de febrero de 2020

Si pruebas una de las Harley-Davidson Softail de la última generación, te sorprenderá. Han cambiado mucho. Son más suaves, más divertidas de llevar, más agradables para los "no iniciados". Pero quedan motos en el catálogo hechas "on their own way": a su manera.

Desaparecieron los chasis Dyna, aquellos chasis de dos amortiguadores traseros con motores grandes. Eran, seguramente, toda una tradición en Harley-Davidson y, en gran parte, una de las gamas más "auténtikas" de la marca. Pero algunos de los modelos que se hacían dentro de esa gama han tenido su continuidad con el nuevo chasis Softail de suspensión cantilever.

Una de esas motos es la Fat Bob. Una custom de cierto aire original y diferente reconocible, sobre todo, por el doble faro delantero. Era la interpretación "sport" de una Dyna: dos amortiguadores, motor "Big Twin", neumáticos enormes y dos discos de freno delanteros. Y era una de las HD más "para harlystas" de la gama aquella: vibraba, expulsaba calor hacia el piloto, pesaba y se notaba como una Harley de las de siempre.

Pero ese concepto de la Fat Bob se recuperó como Softail. Fue una de esas motos que pasó de la gama Dyna a la nueva gama Softail. Y, con ello, ha ganado muchos puntos. Es, como muchas de las Softail modernas, una moto más divertida para los que no somos especialmente aficionados a las motos americanas e igualmente impactante y emocionante para los que sí lo son. Como con otras de estas Softail, con el nuevo chasis y el nuevo motor han conseguido mantener la personalidad de las motos de la Motor Company eliminando todo eso que a algunos de nosotros no acababa de gustar.

Aun así, la Fat Bob, con esa pinta de "Muscle Bike", con esa nueva personalidad que se le ha querido dar más similar al de una naked sport, sigue siendo una Harley de las que hacen las cosas "on his own way": esos enormes neumáticos tienen su coste en términos dinámicos y le dan una particular forma de rodar por la carretera. No es mala. Ni buena. Es la suya propia. Te haces a ella y acabas por disfrutar de la moto "a su manera", pero ten en cuenta que no es la más "europea" de las Harley en su comportamiento. Eso sí, esas enormes ruedas con un dibujo que parece de trail, el enorme faro rectangular que ha sustituido a los dos faros de "cuando era Dyna", el guardabarros trasero elevado, que permite ver hasta el amortiguador cuando miras la moto desde detrás€es una moto estéticamente llamativa, diferente y original.

Harley-Davidson Fat Bob: Cómo es



La Fat Bob es el centro de la gama Softail actual, con los modelos Dyna ahora formando parte de esta sección central del catálogo de la marca. Esta gama empieza en los 15.850€ de la Street Bob y llega hasta los 26.100€ de la Breakout, situándose la Fat Bob en los 19.300, con motor 107" (21.700€ la 114" que hemos probado nosotros).

Es, además, la única, junto con la Fat Boy (de estilo más clásico), en la que puedes elegir entre los dos motores Milwaukee Eight que están en fabricación, el 107" o el 114", estando el resto de la gama cada una con el motor que en la Motor Company han elegido, sin opciones.

También podrías dividir la gama en función de su estilo: las más "touring", las más "custom" y las más "sport": Heritage Classic y Street Bob parecen las más decaídas en el estilo touring, aunque la Street necesitará unas maletas o alforjas y una pantalla del catálogo de accesorios; Breakout, Fat Boy o Deluxe (y alguna más) entran más en el terreno de las custom. Y las dos de aspecto más sport, dentro de los cánones Harley, serán la espectacular FXDR y esta Fat Bob con la que comparte líneas maestras.

Debajo de la carrocería se esconde, en todos los casos, el chasis Softail que empezó a montarse hace dos años: un chasis en tubo de acero, con suspensión trasera con amortiguador central que sustituye al anterior Softail, de dos amortiguadores inferiores escondidos bajo el motor, y al Dyna, con los dos amortiguadores laterales traseros, en la posición clásica. Este chasis es más ligero y más rígido y en gran parte responsable de la mejor dinámica de la moto.



Se montan suspensiones Showa, con horquilla invertida de cartucho interno y amortiguador trasero regulable en precarga de forma remota desde un pomo en el lado derecho de la moto. Tiene dos frenos de disco delanteros y un trasero, todos vigilados por un ABS, que detienen bien los 306 kg en orden de marcha de la moto. Pero son las ruedas las grandes protagonistas de esta parte ciclo: llantas de 16" con una delantera de 150 y trasera en 180 con neumáticos Dunlop específicos para Harley Davidson y un profundo dibujo.

El motor es el Milwaukee Eight, la última unidad presentada por la marca. Un motor con culatas multiválvulas, con eje de balance y refrigeración mixta aire-líquido que entrega una impresionante cantidad de par, anulando gran parte de las vibraciones más molestas, pero manteniendo esa pulsación "adictiva" de los grandes Big Twin a 45º. El sonido es también una de las características más apreciadas de este tipo de motos y desde luego, cumple. Y lo mejor: 155 Nm a 3.000 rpm y 93 CV a 5.020 rpm muy aprovechables.

En el equipamiento no hay grandes novedades más allá del enorme, original y precioso faro rectangular de LEDs. Lleva la clásica pata de cabra de Harley que se bloquea una vez extendida, cuando la moto se apoya, evitando que se pueda cerrar por accidente. El cuadro es el clásico sobre el depósito, en este caso con el cuentavueltas en la gran esfera central, confiando velocidad, kilometrajes, autonomía, reloj y otras funciones a la pantalla digital que va en la base de este elemento.

Harley-Davidson Fat Bob: Cómo va




Es una moto diferente en todo, curiosa y divertida, con personalidad. Te subes a ella y llevas los pies adelantados, como en muchas otras Harley-Davidson, pero no es algo exagerado. El manillar es ancho, bastante plano, y en el centro ves una regleta grabada que te permitirá experimentar adelantándolo o atrasándolo, buscando la postura más cómoda. A sus mandos tienes la sensación de ir sentado muy delante: un poco ella estilo "off road", con el cuerpo adelantado, pero con los pies aún más.

Cuando la arrancas no hay vibraciones molestas. El arranque viene precedido por el sonido de un motor de arranque potente, capaz de mover los dos enormes pistones del motor de más de 1,8 litros. Una sacudida leve y agradable precede a ese ralentí por debajo de las 1.000 rpm pausado, pulsante y agradable de este motor.

Un golpe de gas y las vibraciones no aumentan pero sí el sonido, peculiar y potente del Milwaukee Eight. El embrague, antirrebote y asistido, es suave a pesar de la maneta especialmente ancha que montan las motos americanas. Con él cogido pisas el pedal del cambio y un sonoro "clonc" te avisa de que la primera ha entrado.



Ese sonido se ve repitiendo casi siempre que cambias, subiéndose por encima del sonido motor. Pero ese golpe del cambio no da sensación de baja calidad o de mal ajuste: eso es así para demostrar que sigue siendo una Harley "para tíos duros" y ya está. No, en serio, es hasta agradable escucharlo, porque el cambio es preciso y bien escalonado.

Las suspensiones trabajan bien. No son especialmente blandas ni tampoco muy duras. Tienen ese tarado ideal que esperas de una buena naked sport, aunque esta Fat Bob no sea precisamente eso aunque se acerque. En ciudad, en zonas estrechas, solo requiere cierto ojo a las puntas del manillar y no gira mal para una moto así de larga (más 1.600 mm entre ejes) y de más de 300 kg de peso. Pero es en la carretera donde resulta más divertida.

Eso sí, como te decía, tiene sus manías. Acelera mucho, todo a base de par y sin necesidad de llevarla más allá de esas 5.000 rpm de potencia máxima. Ni allí, en esa parte del cuentavueltas hay vibraciones o malos modos. Solo empuje limpio y agradable. Frena bien también. Pero cuando llegas a la curva, recuerda, sus ruedas no son "normales" y la posición de conducción también es peculiar.



Tienes la sensación de trazar tarde todas las veces hasta que te acostumbras a adelantar un poco la trazada habitual. A partir de ahí es divertida y pisa bien. Eso sí, tampoco le pidas la velocidad de una RR a la hora de enlazar curvas. Se lo piensa hasta que cambia de dirección: normal, con un neumático delantero de 150/80-16 y un lanzamiento de horquilla, cuando menos, conservador. Y eso sí, en curvas cerradas, con 155 Nm de par desde medio gas, ojo al abrir fuerte: el único control de tracción es tu sentido común.

La Fat Bob se beneficia de todas las mejoras introducidas por la Motor Company desde 2018, con ese nuevo motor Milwuakee Eight, lleno de par, potencia y empuje, que mantiene lo mejor de la personalidad de estas motos, perdiendo la parte más negativa de los anteriores. Es suave, pero muy potente, agradable, pero no impersonal. Y el chasis Softail también supone una mejora importante en su com-portamiento, tanto en ciudad como en carretera.

Dentro de esto, la Fat Bob es una moto muy personal: su forma de rodar viene condicionada por esos neumáticos tan grandes, que forman parte de su personalidad y, como en otros casos con motos de la marca, prima esa personalidad a la eficacia en la carretera. Eso sí, no tiene un comportamiento malo o peligroso, solo peculiar, pero divertido siempre.

En la autovía se paga la falta total de protección aerodinámica y la posición de conducción. En ciudad no se mueve mal, el equipamiento es algo justo, destacando solo ese original faro LED delantero y el pasajero tiene un pequeño sitio por encima de la aleta trasera, en una moto que si bien no es monoplaza, tampoco cuida mucho del pasajero si no pasas por el catálogo de accesorios.

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