Preservar La Bañeza

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La Bañeza
Formulamoto
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Estaban los GG.PP. -de vacaciones- estivales- Un momento, todos no, porque en La Bañeza, como siempre en agosto, se celebró, y ya van cincuenta y una ediciones su Gran Premio de Velocidad con todo el boato que merecen los grandes acontecimientos. ¿Que tal título sólo se le puede conceder a una prueba puntuable para el Mundial? Parece ser que esto casi siempre se ha respetado, pero ante la solera de una carrera como la de La Bañeza, ante el éxito que en la última década está despertando en el aficionado español La Bañeza, ¡que venga la FIM o Dorna a decir que esto no puede ser!

El año pasado, en sus -Bodas de Oro-, medio centenar de velocistas que han contribuido a la historia de la moto en nuestro país, aquella que nació y creció entre farolas y bordillos hasta llegar a lo que hoy es, arroparon con su presencia y la de sus petardeantes motos tal acontecimiento. Este año tampoco faltaron algunos de aquellos veteranos, pero por encima de todos sobresalió la figura de Joan Garriga. -El comecocos-, -Boeing 747–, así se le conoció en su época y así le llamaba más de uno cuando se encontró cara a cara con él en su improvisado box urbano, cuando rodó por las calles de La Bañeza con su Yamaha 500 o con una prestada Honda 250 -qué sacrilegio, debió pensar alguno- .

La carrera de La Bañeza ha contado con variados trazados, siempre entre casas, farolas, bordillos y toda la -fauna urbana- que la acompaña, con el espectador allí, -haciendo pasillo- durante la carrera pero respetando el cruzar la pista porque hoy, eso, en La Bañeza, no se entendería. Ni se consentiría, porque en un Gran Premio se respetan unas normas, y los aficionados que llegan hasta aquí lo saben mejor que nadie.

Pero La Bañeza tiene un problema, aunque yo más bien diría que el problema lo tiene el Moto Club Bañezano, quien suspira por contar con un circuito permanente de velocidad por lo que podría suponer de prestigio para la comarca e incluso para Castilla y León, pero también por lo que les supondría de tranquilidad como ente organizador, pues no es lo mismo dar la salida en un circuito permanente: -Sal y ya acabarás-, que estar siempre con el corazón en el puño por lo que pueda suceder en aquella esquina, en aquella larga recta.

El mes pasado, en esta misma sección, me preguntaba -Si Madrid necesita otro circuito, a lo que me contestaba que -¡como el agua!-. Hoy traslado la misma pregunta a La Bañeza: -¿Necesita un circuito permanente?-. Necesitarlo, por lo que he comentado antes de prestigio y seguridad, nadie lo pone en duda. Lo que sí pongo en duda, y que me perdonen todos los bañezanos y la gente de su club: Falagán, -Chencho- y tantos y tantos que ceden cada año muchos días de su ocio a la carrera, es si el Gran Premio de La Bañeza seguiría siendo lo mismo que hoy es sacándole de sus calles y llevándolo a una fría pista permanente.

El Tourist Trophy de la Isla de Man perdió su condición de prueba puntuable para el Mundial en 1977. Parecía tocado de muerte por esta decisión, pero los británicos se mantuvieron erre que erre con su -circuito de La Montaña- y hoy goza de una salud envidiable. A La Bañeza, el TT español, puede que le viniese bien un circuito permanente, pero lo que hay que pedir es que el Gobierno de Castilla y León se comprometa a dotar al Gran Premio de La Bañeza, tal como lo conocemos, de unos medios económicos para hacerle más seguro y vistoso si cabe y que así se consolide como un acontecimiento de interés lúdico-deportivo a nivel nacional, pues La Bañeza es, junto con Xátiva (Valencia), el último reducto de un motociclismo que sólo podemos ver ya en -blanco y negro-.

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