Me lo estaba pasando bien mientras leía algunos de los artículos que aparecen en el número de FÓRMULA MOTO de este mes.

Felicidad incompleta

Felicidad incompleta
Formulamoto
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Empecé con las pruebas que Alan Cathcart ha hecho con la Aprilia y Ducati de SBK en Mugello. Es un afortunado el inglés; se monta en todo lo raro y rápido que hay por este mundo y luego te lo cuenta como si tal cosa, como si aquello estuviese al alcance de cualquier mortal. Pero en pocas ocasiones me he sentido tan -llevado- en la moto por Alan como con estas dos pruebas.

 

Cierto es que Mugello lo conozco muy bien, por lo menos desde- Desde que caí un día por este circuito de la Toscana con ocasión de un Campeonato de Europa de Resistencia, en que Benjamin Grau y Virginio Ferrari (Ducati) hacían equipo bajo una estructura dirigida por Ricardo Fargas, otra de las -leyenda de Montjüic-. Es lo que tenía el hacer, además de la crónica, las fotos: que te pateabas todo el circuito, todos los circuitos, y a lo mejor por eso sigo diciendo que aquel primer Jarama, Montjuïc, el antiguo Assen, el defenestrado Suzuka, Phillip Island o Mugello son (eran) algo especial. Y leyendo a Cathcart las sensaciones que le trasmitía la Aprilia, la Ducati, yo me veía frenando a final de recta como se lo vi hacer a Jorge Lorenzo cuando corría en -dos y medio-, o enhebrar las -Arrabiata´s- o negociar «Bucine» como sólo lo sabe hacer Rossi. Soñar cuesta poco, pero Alan me llevó hasta ese estado.

Luego continué leyendo lo que ha escrito Paco en su -prueba en ruta- por el campo salmantino, y más de lo mismo. El tío este anda, pero también se para, y andando con la Bonneville, te traslada a otros tiempos donde las -RR- todavía no habían llegado, si acaso, en España, su antecésor: la Bultaco Metralla. Y cuando Paco se para, lo hace para enseñarte esos rincones de nuestra geografía a los que no vamos porque nos pillan siempre a trasmano, o si pasamos, lo hacemos así: fiuuuuu . Dice que negociar curvas con la -Bonni- es como hacerlo con una trail, el arma del rutero-rutero. Dice, porque a mi me siguen gustando, para estas cosas, más las GT.

Otro día, así de reojo, vi el dossier de precios y chollos que estaba preparando Ramón López, y de alguna forma me cabreé porque no hay derecho que las ventas hayan caído lo que cayeron en 2009 por culpa de los desaguisados gubernamentales, cuando hay en las tiendas un montón de motos, chulas, mu chulas, por un millón de pesetas -que manía de decir -antiguas pesetas-, como si alguna otra -pela- la hubiese venido a sustituir-.

Como ahora me tomo las cosas con más -relajao-, también leí la -Tertulia-, por saber lo que piensa gente con mucha vida motociclista a sus espaldas, y por ver como Carlos Domínguez clava su estoque sin mirar si el toro es berrendo o retinto. Después de más de cuarenta años siguiendo las carreras, con la cámara en una mano y el lápiz en la otra, a ver quién le quita una coma. Al que Dios se la dé, San Pedro se la bendiga-

He empezado diciendo que me lo estaba pasando bien leyendo esta revista, hasta que cayó en mis manos la carta que Ángel Toribio (Cartas de los Amigos), padre del PGC Juan Carlos Toribio, titula: -Un expediente que duele-. Me la he leído varias veces y en todas ellas me he parado cuando Ángel habla  de: – Esos (jerifaltes) nunca presenciaron el zarpazo de la carretera: Aquel niño que por el arrastre tiene su cuerpo destrozado, el rostro cubierto de polvo y yace tendido en la cuneta; el abrazo fuerte del adolescente que ante la tragedia se ve solo para siempre y que en el guardia busca un consuelo– ¿Quién ha dicho que la PGC no es amiga del motociclista?. Externamente tendrán que hacer, decir unas cosas; interiormente son uno de los nuestros.

Estaba contento, pero he acabado leyendo una página triste, por eso que cuenta Ángel Toribio y por lo que han hecho a su hijo. Uno de los nuestros.