Ruta en moto por África: Marruecos, deseos concedidos

Comentar Publicado el miércoles 03 de agosto de 2016
Ruta en moto por África: Marruecos, deseos concedidos

Si encontrara la lámpara del genio, mi primer deseo sería hacer una ruta en moto por Marruecos; hacer ese viaje acompañado de tres europeas pelirrojas, potentes y con un buen par de cilindros sería el segundo; por último, pediría que no se tratara de una fantasía, sino que se cumpliera de verdad.

Seguro que tú también tienes un viaje del que hablas a todas horas, pero nunca encuentras el momento de realizar. A mí me pasaba lo mismo, hasta que por fin llegó el momento de cumplir mi sueño.

Mi mente se llenó con imágenes de las carreteras de Marruecos donde, el árabe se oye, se ve, se siente y se respira en el ambiente. Mi segundo deseo, como seguramente ya te has percatado, tiene una explicación bien distinta de lo que has podido pensar a priori. Mi compañero y amigo Javier Pérez Rubio siempre llama a su Ducati 851 "La pelirroja" y viendo el color de nuestras monturas... no me he podido resistir.

Marruecos es el destino habitual de cualquier aventurero, de dos o cuatro ruedas, que quiera adentrarse en las dunas del desierto con total libertad. Pero hay otra forma de disfrutar de este excepcional país: recorriendo sus maltrechas carreteras y descubriendo sus pueblos y gentes. Este viaje ha sido cosa de seis: las pelirrojas, Jaime, Justo y el que suscribe. El plan lo teníamos en la cabeza desde hace años y por fin fue posible.

Además, nos ha permitido poner a prueba a tres de las mejores integrantes de la élite del trail de alta cilindrada actual. No en vano teníamos el privilegio de desplazarnos con la "todocamino" KTM 990 Adventure, con una recién estrenada y potente Ducati Multistrada 1200 S Touring y con la reina del segmento y una de las motos más vendidas de Europa, la BMW R 1200 GS. Tres europeas, bicilíndricas y pelirrojas. Ahora sí, ya esta todo preparado ¿te apuntas? Pues sube y agárrate fuerte que nos vamos.

Primera "kilometrada" y Entrada a Marruecos

Salimos de Madrid un viernes, nada más salir de la oficina. Por delante 750 kilómetros hasta Algeciras, lugar donde al día siguiente tomaríamos el primer ferry de la mañana con destino Ceuta. En este primer y largo trayecto ya pudimos tomar el pulso a nuestras pelirrojas y percibir sensaciones que se repetirían a lo largo del viaje. La primera que paso por mis manos fue la KTM Adventure, quizá la menos asfáltica de las tres pero con un comportamiento impecable en largas distancias y a velocidades altas gracias sobre todo a una cómoda postura de conducción en la que no fatigas ninguna parte del cuerpo en exceso y a una pequeña cúpula que despeja estratégicamente el aire a la altura del casco.

Por su marcado carácter off-road penaliza en algunos aspectos como el asiento que es demasiado estrecho y hace que tu trasero se resienta antes que en sus rivales de ruta. En esta línea también encontramos el cuadro de mandos, muy espartano y sin apenas funciones para estar al corriente de, por lo menos, la autonomía estimada . El motor LC8 me entusiasma en todas las motos en las que va montado (Supermoto, RC8, Super Duke...) y en esta Adventure no iba a ser menos. Su tacto y la buena respuesta a cualquier régimen hacen agradable y precisa la conducción, aunque para autovía y largas distancias esta unidad en concreto llevaba un desarrollo demasiado corto.

Así que para evitar exprimirla y subirla de vueltas en exceso, insertas marchas rápidamente y, sin darte cuenta, te encuentras ya en sexta. Es quizá este uno de los motivos por los que era siempre la que antes encendía su testigo de reserva, más o menos cada 250 km.

Bien entrada la noche y con el trasero como una tabla de planchar, llegamos a Algeciras y sólo tuvimos tiempo para picar algo antes de marcharnos a dormir. A la mañana siguiente cruzamos en ferry a Ceuta y nos dirigimos a la frontera para ser literalmente asaltados por el "personal autorizado". Amablemente nos rellenaron la documentación necesaria para entrar en el país. No habíamos recorrido ni un sólo metro y ya estábamos dando propinas. Es lo que hay.

Nunca antes había cruzado una frontera que separara países tan diferentes, no sólo por la gente, sino por el paisaje, las poblaciones e incluso las carreteras, y eso que hasta Tetuán era autovía de peaje.

Me tocaba subirme en la Multistrada y la primera sensación es tal y como la recordaba cuando asistí a su presentación en Lanzarote. Combina comodidad y ergonomía con una deportividad y una potencia nunca antes vista en una trail. Activo el modo Touring y un sinfín de reglajes programables. Con todo esto, la pantalla del cuadro de mandos es como la de un ordenador portátil.

En este caso tienes toda la información necesaria. Y es que esta Ducati te desplaza rápidamente pero de forma placentera y segura. Eso sí, siempre por asfalto porque, en tierra, los neumáticos esculpidos y la llanta de 17 pulgadas delante complican mucho la conducción sobre todo con arena suelta. La postura es más deportiva que la de su rival austriaca, sobre todo, porque tiene las estriberas más retrasadas. Sin embargo, es bastante cómoda y el asiento no te cansa incluso cuando llevas tiempo encima, gracias también al pequeño respaldo que recoge las lumbares.

Tetuán. Nada más salir de la ciudad, te encuentras con este embalse de camino a Chaouen. Podría ser el paisaje de cualquier provincia de Castilla-León.

Antes de llegar a Midelt nos topamos con este singular cambio de rasante donde el verde y el rojo de la tierra forman un bonito contraste. La carretera, como se aprecia, desierta.


Unos bonitos cortados de arena arcillosa formando un pequeño lago interior cerca de Goulmima.



La prisa mata, amigo

Este es un lema en Marruecos. Una frase recurrente de los marroquíes hacia los españoles, normalmente cuando tratas de librarte de ellos. Nada más entrar en Tetuán, un chico subido en una Dominator de finales de los '80 nos persigue para enseñarnos la ciudad.

El calor insoportable y una serie de semáforos en rojo pusierona nuestras "chicas" al rojo vivo. El electroventilador de la KTM entraba en funcionamiento y no paró hasta que volvimos a carretera abierta. Por su parte, la Ducati también desprendía muchísimo calor. Sólo la BMW mantenía su temperatura. Decidimos seguir dirección a Chaouen donde paramos para comer y después nos adentramos en su Medina.

Este pueblo es espectacular, una pena que tuviésemos que seguir con nuestro itinerario pero la gran cantidad de kilómetros que teníamos por delante nos obligaba a distribuirnos bien las distancias de cada etapa. Así que, sin más tiempo, nos pusimos otra vez en marcha hacia Fez. A partir de aquí todas las carreteras fueron secundarias, de un carril para cada sentido, aunque mucho mejores de lo que me las imaginaba.

Decido probar el modo Urban de la Ducati y me responde con 100 CV, mucha actuación del control de tracción y una entrega de potencia más progresiva ideal para una conducción relajada. El tacto del freno delantero, sublime, en cambio el trasero no me termina de convencer pues hay que pisar fuerte la palanca para que reaccione y entre en funcionamiento el ABS.

Cae la tarde y ya divisamos a lo lejos un gran urbe. Fez nos recibe con calor y un bullicio que contrasta con la tranquilidad de los pueblos que hemos atravesado en esta etapa. Estamos ante la tercera ciudad más grande de Marruecos con casi un millón de habitantes y es un centro religioso y cultural.

Para encontrar el hotel no tuvimos más remedio que recurrir a un chico para que nos guíase desde su destartalada moto. Resultado: una propina de 60 dirhams (6 euros) y encima no estaba de acuerdo con la cantidad. Definitivamente nos gustan más los pueblos pequeños. Todos teníamos ganas de visitar la interminable Medina Fez, así que madrugamos para hacer un poco de turismo antes de volver a nuestras monturas.

En esta etapa nos dirigimos a la montaña, concretamente a Ifrane y Azrou, rozando el Parque Nacional del Atlas Oriental. Es mi turno para subirme en la GS. Tan sólo unos kilómetros y ya me parece que es mi moto de toda la vida: fácil de llevar, ergonomía y protección aerodinámica perfectas y todo está en su sitio. Si a todo esto añadimos que esta unidad en concreto lleva absolutamente todos los accesorios opcionales que ofrece la marca (pantalla multifunción, GPS, deflectores laterales, escape Akrapovic, protectores para los cilindros, maletas y un largo etcétera), la conducción se convierte en un auténtico placer.

Hay que cogerle el punto al Telelever y al Paralever porque no funcionan como unas suspensiones al uso, aunque en marcha aportan confort, una estabilidad extraordinaria incluso en curva y mayor adherencia y tracción. Además, el sistema ESA permite ajustarlas a los gustos del conductor, incluso pudiendo variar su dureza en función de las personas o el peso que lleves, algo también seleccionable en la Ducati. Los frenos cuentan con un tacto muy fino y sensible, sobre todo el delantero, con el que hay que tener presente que la horquilla apenas se hunde al frenar, un mecanismo que se adapta a las mil maravillas al sistema antibloqueo ABS.

Las otras dos motos también lo llevan, aunque en cada una funciona de manera diferente. En el caso concreto de la alemana no le encuentro ninguna pega al delantero pero el trasero deja correr demasiado la moto hasta que se detiene. En la Ducati y la KTM es menos intrusivo y no lo notas tanto, además la moto consigue detenerse antes.




Col du Tichka.Una de las cimas del puerto a más de 2.000 metros de altitud; desde allí hay una bonita y revirada carretera antes de llegar a Marrakech. Abajo, Justo y Jaime con un simpático niño que nos encontramos en la Garganta del Todra. Esta es la razón por la que no debes entrar en la Kasbah de Taourit (Ouarzazate)en moto, mejor recorrerla a pie.




De la montaña al desierto: Midelt, Errachidia y Tinghir

Del lujo de Ifrane, donde el rey Mohamed VI tiene una de sus residencias, y su paisaje verde pasamos en pocos kilómetros a otro tipo de montaña, rocosa y desangelada. Antes cruzamos Midelt, una bonita población en el corazón del Atlas en la que merece la pena detenerse, dar una vuelta y charlar con su gente. La zona a la que nos dirigimos impone mucho respeto: predomina la piedra sobre la escasa vegetación y apenas hay gente.

En curvas sinuosas y con el firme no en las mejores condiciones, la BMW aguanta el tipo con un comportamiento ejemplar y adherencia absoluta. Cambias de dirección con facilidad, a pesar de su peso, y transmite confianza en todo momento. El confort en marcha y las reacciones del motor completan una moto casi perfecta. Apretamos el ritmo pues se va haciendo de noche y no es recomendable conducir en Marruecos sin luz.

La Ducati y la BMW van como tiros, especialmente la primera cuando saca a relucir su casta deportiva, que no es poca, pisa con firmeza con un paso por curva con muchísimo aplomo mientras que el embrague antirrobote en las reducciones bruscas hace el resto. En ese momento, veo a Justo irse recto en una curva. La KTM acaba de hacerle un extraño, es el primer aviso que nos dan sus neumáticos mixtos. Su adherencia en curva tiene un límite diferente al de los esculpidos, algo a tener en cuenta, además los reglajes de las suspensiones son un poco blandos.

Llegamos a Errachidia y nos damos el capricho de ir al Tinit, el mejor hotel de la ciudad. El precio de la habitación es menor que el de un tres estrellas español y merece la pena disfrutar de un baño en su piscina y de una cerveza bien fría en su terraza.

Tenemos dos opciones o seguimos hacia el sur, a las dunas de Merzuga, o al oeste hacia la costa. Optamos por lo segundo. Nada más salir de Errachidia nos encontramos con la inmensidad del desierto que atravesamos por carretera.

Aprovechamos para realizar un tramo por tierra y, como era de esperar, la KTM es la que mejor se desenvuelve en este terreno. Este es su hábitat y por eso equipa neumáticos mixtos y llanta de 21 pulgadas delante, la posición de las estriberas y el manillar hacen que sea más adecuada para ir de pie, incluso tiene la palanca de las marchas separada de la estribera para poder usar botas off-road. La Multistrada con el modo Enduro activado -la moto se eleva del suelo unos 2 cm, las suspensiones se ablandan y 100 CV con el DTC se queda al mínimo de actuación- puede ir por tierra evitando excesos y siempre que ésta sea firme y dura. Lo mismo le ocurre a la BMW aunque ofrecía serias pérdidas de tracción trasera. Mejor regresamos al asfalto.

Alcanzamos la Garganta del Todra, donde el Alto Atlas muestra un accidente geográfico impresionante con enormes paredes de piedra formando cañones que nosotros atravesamos en moto esquivando las "hordas" de turistas. Pero el día se torció al retomar la carretera que nos devolvía al desierto. Un aire infernal empezó a levantar la arena y a moverla con violencia, atravesamos un par de nubes de color marrón oscuro que casi nos sacan de la carretera. No teníamos más opción que seguir porque estábamos cerca del final de esta etapa.



Ouarzazate, Marrakech y la ansiada costa


Descansados, duchados, con el depósito lleno y tras quitarnos la arena del día anterior, empezamos un nuevo día visitando la Kasbah de Taourirt, una de las mejores conservadas de la zona donde hace no mucho se rodó la película Prince of Persia. Sin duda, una parada obligada de Ouarzazate y, un consejo, merece la pena darle una propinilla a algún lugareño para que te vaya explicando su historia.

Después de esta visita, regresamos al hotel para recoger el equipaje. Las tres cuentan con maletas como accesorio opcional pero las de la BMW son las más resistentes, tienen un buen sistema de anclaje y tienen mucha capacidad de carga al tener dos posiciones para hacerse más grandes. Muy similares son las de la KTM. Macizas, con capacidad de carga aceptable y un sistema bastante sencillo para quitarlas y ponerlas, pero que no es muy eficiente. Además, sobresalen mucho y aumentan considerablemente el ancho de la moto.

Las de la Multistrada son las más agraciadas estéticamente, tienen el mismo color que la carrocería y una forma muy aerodinámica. Su sistema de anclaje es sencillo pero la tapa se quedaba medio abierta cuando las llenas a tope.

La etapa Ouarzazate-Marrakech es casi en su totalidad de montaña. Nos enfrentamos a una cordillera compuesta de varias cimas de más de 2.000 metros de altitud por donde discurre una carretera con el firme en malas condiciones y numerosas curvas de 180º, así que a relajarse y a disfrutar a ritmo tranquilo. El paisaje es maravilloso y puedes aprovechar para llevarte algún recuerdo en los puestos que hay en el arcén, aunque ojo porque es frecuente que te vendan piedras falsas o coloreadas a mano. Lo peor son los camiones a los que no hay más remedio que adelantar en prohibido.

Aprovecho para decir que no tuvimos problemas con la policía, no nos pararon en ninguno de los miles de controles por los que pasamos. En cuanto a los radares, todo controlado, se veían a kilómetros al estar puestos con un trípode y dos guardias de pie al lado.

La entrada a Marrakech fue tan caótica o más que la de Fez. Su aspecto podría ser como el de cualquier ciudad europea hasta que te das con la plaza de Jamaa el Fna, una de las más concurridas de África y del mundo. Un auténtico escenario al aire libre donde por la noche puedes encontrar desde encantadores de serpientes hasta mujeres que te leen la mano, pasando por miles de puestos de comida o de lo que sea.

Este era nuestro último destino antes de llegar a las playas de Essaouira, desde donde fuimos bordeando la costa ya de vuelta a España tomándonoslo con más tranquilidad hasta llegar a Tanger. Como dato curioso deciros que en el puerto nos encontramos con una caravana de Super Ténéré que se disponía a continuar su ruta Riders for Health en Marruecos.

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