200 Miglia di Imola Revival

04.01.2013 | 13:18
200 Miglia di Imola Revival

Descubre la historia de Oliver Padrón, un apasionado de las motos y lector de nuestra revista, que como gran aficionado a Ducati decidió, de manera impulsiva, viajar para asistir en directo al "200 Miglia di Imola Revival", evento en el que tuvo la ocasión de conocer a sus ídolos motociclistas y pasarlo en grande. Una experiencia motera contada desde el corazón y en primera persona ¡No te la pierdas!

Era finales de mayo o principios del mes de junio cuando me puse a leer mi recién comprado ejemplar de la revista "Fórmula Moto" (número 90 para más señas). No suelo mirar el índice, pero sí que me fijo mucho en la portada desde que lo veo en el kiosco. Así que tras una primera inspección, descubrí sorprendido en su sección "Veteran Moto Club" la prueba de la Ducati 750 Imola por Alan Cathcart. Me resultó raro que no viniera anunciado en la portada. Pero al mismo tiempo recordé que algunas pruebas de clásicas son repeticiones que ya he leído hace años en otras publicaciones. Dejé la revista para cuando tuviera tiempo y la fuera a leer con detenimiento.

He de confesar que no comencé la revista por este artículo, es más, comencé a leerlo sin mucha pasión, por aquello de pensar, como dije antes, que era una repetición.

Los cinco primeros párrafos me hicieron comprender el motivo por el que se incluía esta prueba. Era un homenaje al 40 aniversario de la mítica victoria de Paul Smart en la carrera de las 200 millas del circuito de Imola del año 1972. ¿Cuarenta años han pasado ya? Tenía yo tan solo un año de vida cuando ocurrió. Y al ver las imágenes parece que fueran de la prehistoria. Pero, sin embargo, "cuan modernos" parecemos tan solo cuarenta años más tarde.



Soy “motero” desde hace 26 años, y usuario de Ducati desde hace 14. También hace más de 26 años que compro casi todas las revistas de motos que puedo. Y llegados a este punto, he de confesar que Alan Cathcart es mi periodista favorito. Hay otros muchos periodistas muy buenos a los que también admiro, pero este señor del sempiterno casco Arai con la bandera inglesa y exóticos monos Kushitani es el más especial para mi.

En esos cinco párrafos que dan entrada a la prueba se hace una pequeña reflexión, que no narración, de lo que han sido estos últimos 40 años para Ducati desde aquella histórica victoria. Y esas líneas te hacen ver la importancia de la decisión tomada por Ducati y sus responsables en aquella época para emprender un camino que nos ha llevado ahora a poder disfrutar de nuestras queridas mecánicas con aquella misma filosofía. El día a día, la costumbre, la pérdida de la memoria histórica, hace que olvidemos esa trayectoria. Y hace que dejemos de valorar lo que tenemos y disfrutamos con la marca.

Y, a veces, que también olvidemos el esfuerzo que ha habido en todo esa trayectoria para, por cualquier cosa, romper a criticar y opinar, no ya sin conocimiento de causa, sino dejando de recordar. Porque todo “ducatista” conoce la historia, pero a veces dejamos de recordarla. Recomiendo pues a todos que pidan un ejemplar de ese número de “Fórmula Moto” y luego mediten sobre el tema.

Por cierto, llegado a este punto, toca confesar al lector más suspicaz que además soy vendedor en el concesionario Ducati de Las Palmas de Gran Canaria desde hace dos años.

De celebración
 
Y es sobre todo por esta última “circunstancia personal” que me quedé  pensando en que algo habría que hacer para celebrar tan señalada fecha. Incluso estaba algo contrariado por no haber visto nada en la prensa sobre esta efeméride.
 
Y así, pocos días después, veo en la prensa el anuncio de la celebración de las “200 Miglia di Imola Revival”. Ver el anuncio, entrar en Internet para obtener información y comprar los billetes fue todo un mismo movimiento. En mi vida había tomado una decisión de este tipo de manera tan rápida e impulsiva. Y menos mal que actué tan rápidamente, porque conseguí los últimos billetes de avión, alojamiento y coche de alquiler por poco más de 200€ por persona. Única vez en mi vida que consigo uno de esos chollos que siempre escucho a los demás… y que ya creía que no existían. Agradecimiento especial a “la parienta” que es tan Ducatista como yo, que me anima siempre  y se apunta a un bombardeo.

Luego llegó el comunicado oficial de Ducati sobre su participación en los actos del evento y lo más importante… pedir unos días libres en el trabajo… Se me había olvidado ese pequeño detalle… ¡glups! Gracias desde aquí a mi empresa por su comprensión.

La fecha del evento era 21,22, y 23 de septiembre. Había que recabar toda la información necesaria y planificar bien el tiempo disponible. Llegábamos el 20 por la tarde y regresábamos el 24 por la mañana. Y en este punto toca ser agradecido también con otras personas. Primero con Josito del foro “Ducatistas.com” que me ayudó con el tema de las entradas al evento. Y luego con mis compañeros de Ducati Ibérica, quienes me ayudaron a conseguir pase para visitar la fábrica y museo Ducati. Resultó que justo en esos días no se iban a realizar visitas como son habituales y cogimos plaza sólo por “enchufe”.

Aterrizo en Bolonia
 
Llegar a Bolonia desde Las Palmas de Gran Canaria vía Barcelona fue latoso, muchas horas, pero fácil. Lo que no fue tan fácil, al menos para un “isleño” torpe poco acostumbrado a viajar por el “continente”, fue la recogida del coche, aclararme con el GPS y llegar al hotel. Finalmente llegamos al “Hotel Del Borgo”, un establecimiento muy sencillo, limpio, con gente amable y que estaba prácticamente enfrente de la fábrica Ducati. Mejor ubicación imposible.

Así pues, como primeros consejo para los que no hayan viajado mucho, comprar los billetes y demás con antelación para coger buenos precios. Incluir el GPS en el vehículo y, además, sacar un buen seguro para el mismo. Nosotros no lo hicimos para ahorrar. Pero luego lo pasamos un poco mal con el coche, siempre temiendo que le pasara algo. Por último, es importante quedarte en un sitio que esté próximo a los lugares que quieras visitar. Sobre todo si vas con el tiempo justo.

Hecho de esta forma, la planificación estaba clara. Viernes por la mañana ir a Maranello, donde visitamos el “Museo Casa Enzo Ferrari” y el “Museo de la fábrica Ferrari”. Son cosas diferentes. Una pena que por falta de tiempo no pudimos visitar la fábrica Ferrari. Ni tampoco la sede de Lamborghini. De paso aconsejo entrar en la web de la ciudad de Bolonia,  www.bolognawelcome.com , donde puedes encontrar información sobre todos los sitios de interés así como gestionar tickets y reservas. Siempre podrás hacerlo tú mismo in situ, incluso puede que te ahorres algo, pero es una buena ayuda sobre todo para no quedarte sin plazas para según que eventos.

No voy a entrar en detalles sobre esas visitas, pero las recomiendo al 100%. Tan solo tardamos 45 minutos en llegar al primero y otros 30 al segundo. El regreso fue más rápido. Las autopistas estaban muy bien, las zonas de peaje no nos resultaron caras (aunque en Canarias no tenemos ni peajes, y casi se podría decir que tampoco autopistas...) y la única cosa que hay que tener en cuenta son ¡los italianos al volante! Sí, lo siento mucho, pero el tópico sobre su conducción se corresponde a la realidad. Ya sé que ahora mismo podrás recurrir al tópico sobre los canarios… pero confía en mi opinión y conduce con cierta precaución por sus carreteras.

El museo Ducati
 
Luego, la tarde del viernes, estaba reservada para la visita a la fábrica Ducati y su museo. Tampoco voy a entrar en los detalles de estas dos visitas. Son algo imprescindible que ha de hacer todo buen “ducatista”. Es como para un religioso visitar los lugares sagrados de su fe. Muy instructivo ver la cadena de producción de la fábrica (parece mentira que de ese lugar tan pequeño salgan todas esas motos para todo el mundo), y enormemente valiosa la visita al museo. Tan solo una queja. Sólo tuvimos media hora para visitar el museo. Quince minutos con una guía y otros quince en solitario. El museo es pequeño, está algo abigarrado en algunas zonas, pero hay mucha información. Yo hubiera estado al menos dos horas recreándome con todo lo que había. Otras personas con las que he hablado me han comentado que sus visitas al museo no fueron tan breves. Igual fue porque me tocó un día diferente a lo habitual.



El sábado por la mañana temprano visitamos la tienda Ducati que hay en las inmediaciones de la fábrica. Es una especie de outlet en donde puedes conseguir productos de campañas antiguas a buen precio, así como también artículos del catálogo vigente… a precios de Italia, un poco caros para nuestros bolsillos. También tienen una buena exposición de motos y algunos accesorios. Algo interesante, porque no siempre podemos ver en vivo todos los modelos en nuestra tienda habitual. En mi caso, “descubrí”  la Monster Diesel. No la había visto en vivo. Una preciosidad. Mucho más bonita que en las fotos. Se la recomiendo a todo aquel que la tuviera en mente, seguro que no le defraudará.

Luego de esa rápida visita pusimos rumbo a Imola. Con la ayuda del GPS y la buena señalización de las autopistas llegamos en menos de una hora. Lo más difícil de hecho fue encontrar la entrada del circuito. Está casi en la misma ciudad, con zonas verdes y de recreo en su parte exterior. No he estado en muchos circuitos, pero siempre son instalaciones que casi puedes ver en la distancia. Recogimos nuestras entradas, buscamos donde aparcar y entramos por la zona de paddock.
 
La experiencia de mi vida
 
El programa de los tres días era muy completo. Y aunque prescindimos de los actos del viernes para hacer las otras visitas, tuvimos ración de motos de sobra. En general lo que había el sábado eran diferentes tandas de veinte minutos para cada categoría de las motos que fueran a participar en la carrera de cuatro horas que se celebraría por la tarde. Evento novedoso de la edición de este año. De forma que parece ser que habían muchos más inscritos por el aliciente deportivo de la competición. Yo no estuve nada atento al transcurso de esas tandas ni al aspecto deportivo del evento. Pero estar allí fue la experiencia de mi vida.



Nada más entrar por el circuito ya te embarga la sensación de estar en un lugar histórico. Luego sentí una total desorientación. Como dije antes, no he estado en muchos circuitos, pero lo normal es que tras pasar por la entrada te encuentres unas zonas comunes de carácter comercial y luego vayas a tu grada. Eso si no eres el afortunado poseedor de algún tipo de pase especial. Lo extraño y novedoso para mi fue que, aparte de una pequeña área comercial, te movías por la zona en donde estaban aparcadas todas las caravanas, camiones y vehículos de todo tipo en donde habían venido los participantes. Por cierto, con un ambiente super familiar, había gente con todo tipo de estructuras. Desde grandes auto-caravanas hasta coches con remolque y caseta de campaña. Desde esa zona directamente entrabas en los mismísimos boxes y pit lane. Yo no dejaba de mirar para todos lados buscando carteles de prohibición a guardas que me echaran a patadas… pero no, ¡era libre de caminar por donde quisiera!

De forma que caí en una especie de trance o posesión demoníaca que me hacía correr de un lado a otro, sin orden ni concierto, gritando, gesticulando y haciendo fotos de manera compulsiva a todo lo que veía. Imaginen ustedes el asombro y la cara de espanto de mi mujer. Creo que la última vez que me comporté de esa forma fue una “Noche de Reyes” con ocho años ante la sorpresa de mi primer “Scalextric”. Sin comentarios.

La zona de boxes estaba más o menos dividida entre los que iban a participar en la prueba de resistencia y los que no. Lo que son los boxes en sí mismo no estaban muy divididos. Se apreciaban los que eran grandes equipos, grandes coleccionistas o clubs. Y un poco entre ellos se veía a gente que estaba sólo con sus motos y amigos. No había muchas barreras físicas entre ellos. A su vez podías ver las diferentes motos por categoría que cada uno llevaba. Algunas con carteles que explicaban algo sobre su historia. De entre todos destacaba una escudería con muchas Laverda. Debido a mi ignorancia en materia de clásicas, seguro que no reconocí la debida importancia de algunos de los presentes.



Lo que más se diferenciaba de todo lo demás era un box decorado como un pequeño museo.  Y es que el “Museo Ducati” desplazó una nutrida representación de sus motos más emblemáticas al circuito, en una especie de recorrido por toda su historia en el mundo de las carreras. Y claro, esas eran motos que sí que eché en falta el día anterior el día de mi visita al museo.

Mención especial merece el box del que se podía destacar como protagonista del evento. El box del mismísimo Paul Smart, que compartía espacio con Alan Cathcart. Si ya llevaba un rato comportándome como un paleto, cuando vi a estos dos señores pasé a asemejarme directamente a una quinceañera en un concierto de Justin Bieber (que por cierto me han dicho que es Ducatista). Nunca he sido el típico fan de nadie, ni he idolatrado a otro ser humano (músico, actor, deportista, etc). Pero en esta ocasión sí que sentí esas emociones al verme cara a cara con ellos.  Pude presentarme a Alan Cathcart y hablar un rato con él. Luego saludé al señor Paul Smart. Y con ambos me hice las fotos de rigor. Para mi fue todo un honor.



En vivo mejor que en Youtube
 
Y esa proximidad y cordialidad fueron la tónica del evento. Ya que podías acercarte, saludar, y hablar con todo el mundo.  Y habían muchos pilotos famosos para mi. Marcellino Luchi, Luca Cadalora, Alex Gramigni, Renzo Pasolini, Jean Franscois Baldé, y Loris Capirossi… con el que casi choqué de frente saliendo de un box y que me dedicó unos minutos con mucha amabilidad. Había más pilotos que, o no reconocí, o directamente no vi. Incluso podías hasta subirte en algunas de las motos para sacarte fotos con ella. Yo me hice la mía con una Desmosedici de Bayliss y otra de Capirossi. También hubo un momento en el que se reunían todos los personajes más destacados para la firma de autógrafos.



Sobre las motos que había… mejor será que veas las fotos. Fue increíble conocer en vivo tanta moto que hasta ese momento solo había visto en fotos. ¡Cómo cambia, sobre todo, la percepción del tamaño! Y cómo aumenta tu compresión de su valor cuando aprecias en vivo detalles como los neumáticos, suspensiones y frenos. Y luego se queja uno a veces de manera estúpida de los componentes de su propia moto y los pone a veces también como excusa. ¡Menudo valor había que tener para competir con aquellas motos!



Aunque mis favoritas eran las Ducati, he de decir que me gustaron todas las motos. Muy bonitas todas las dos tiempos, y me encantaron todas las japonesas clásicas tipo “endurance” de cuatro tiempos. Todas las motos presentes daban aspecto de “máquinas mecánicas”. Sí, no como ahora, que sus líneas y diseños ocultan la mecánica y dan la percepción de ser vehículos de videojuego.

Para terminar de hablar de las motos presentes, tengo que mencionar el tema del sonido. Si bien uno puede percibir de una u otra manera una moto en fotos, o  cuando la conoce en vivo, lo que no tiene posibilidad de conocer nunca es su sonido. Hasta que lo escucha en vivo. Porque lo de escucharlo en Youtube nunca será representativo.

¡Cómo sonaban todas aquellas motos en vivo! Desde mis maravillosas Ducati del alma, hasta las increíbles MV Agusta clásicas, pasando por las aullantes dos tiempos, las modernas Desmosedici  y Yamaha M1 de MotoGP. Pero sin duda, la más “escandalosa” de todas, la que más miradas acaparaba cada vez que se ponía en marcha, era una preciosa Bimota HB1 de 1973 con motor cuatro cilindros en línea Honda. He de reconocer que me encantó aquel sonido. Aunque me incomodó un poco hacerlo… tenía que reconocerlo.

Sábado y domingo lo pasamos igual. Paseando por los boxes viendo motos. Como dije antes, sin prestar atención al aspecto deportivo. Ni siquiera nos quedamos las cuatro horas de la carrera de resistencia del sábado ni al concierto de por la noche. Preferimos salir esa noche del sábado a cenar al centro de Bolonia. Una ciudad preciosa de marcado carácter universitario. Muchos locales de ocio y gran ambiente nocturno.

El evento oficial terminaba el domingo con un mano a mano de unas vueltas entre Capirosi (con su Desmosedici) y Luca Cadalora (con una Yamaha M1 de Lorenzo). Aunque ya había visto estas motos en otras ocasiones, fue muy espectacular verlas pasar tan cerca, escucharlas casi por separado, los caballitos…



Como broche final, se brindó a todos los asistentes del público con motos Ducati a dar unas vueltas de honor al circuito. También fue muy espectacular verlos pasar a todos. Arrancaron los aplausos de todo el mundo en la tribuna de meta.
Una gran experiencia para mi, aunque ya había visitado algunos museos. Única hasta la fecha por verlas en acción. Recomiendo a todo amante de las motos que acuda como mínimo a cualquier museo, pero sobre todo a eventos relacionado con motos clásicas. Una buena manera de entender y valorar el origen de lo que ahora disfrutamos.


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