Solo tienes que creértelo

13.12.2013 | 08:51
Solo tienes que creértelo
Solo tienes que creértelo

No hace tanto que la expresión "chicas y motos" se identificaba casi exclusivamente con guapas mujeres con poca ropa paseando por el paddock o sujetando el paraguas a los pilotos. Admirable también su trabajo, por supuesto. Pero, digo yo, que con la nueva generación de chicas piloto que vine pisando tan fuerte, habrá que ir pensando en ver más chicos por el paddock  luciendo musculitos y alegrándonos la vista, ¿no? Ya voy haciendo yo el casting?

En el motociclismo de velocidad no hay categorías femeninas. Una vez que se cierran el casco y se apaga el semáforo no hay diferencias, ellas son un rival más en la pista. Y lo están demostrando, al igual que tantos pilotos españoles, como se debe hacer, con el crono en la mano. Prueba de ello es la gran progresión de Ana Carrasco en su primera temporada en el Mundial, con una merecidísima 8ª posición en la última carrera, celebrada en el circuito de Ricardo Tormo. O las dos victorias de María Herrera en el CEV, en las carreras disputadas en Motorland y en  Navarra, en las que nos hizo vibrar desde la salida, y hasta que cruzaron la línea de meta.

Ellas no han sido las primeras ni las últimas. Ya por 1962, la británica Beryl Swain, participó en el TT de la Isla de Man (prueba del mundial por aquella época). Poco después se prohibió correr a las mujeres, por considerarlo muy peligroso. Hubo que esperar muchos años para poder ver otra mujer en parrilla. Gina Bovaird, norteamericana que, en 1982, disputó una carrera en 500 cc., la única que, hasta el momento, ha corrido en la categoría reina. Igne Arends, Taru Rinne, Tomoko Igata, Katja Poensgen, Cath Thompson, Andrea Touskova, forman parte de la lista de mujeres, a las que se consideraba pioneras en un deporte tradicionalmente de hombres.

En 2008, Racing 100 creó una copa femenina dentro del Campeonato Castellano Manchego de Velocidad. Un proyecto que salió adelante gracias al gran esfuerzo, tanto económico como humano, de sus organizadores. En su primera edición, reunieron una parrilla de diecisiete chicas. Un gran éxito, que hizo que la copa se siguiera organizando y que yo pudiera participar desde su 2ª edición. Grandes diferencias, tanto en pilotos como en motos, diferentes motivos por los que estar ahí, pero una única la pasión la que nos unía, la velocidad y las motos. 

Poco a poco, las parrillas se fueron reduciendo, nos mezclaron con otras categorías en carrera para poder seguir manteniéndolo, hasta que desapareció. Fuimos muy pocas las que, después de esta copa, nos volvimos a ver en una parrilla.

Lo recuerdo como una bonita experiencia en la que disfruté muchísimo. Cada una tenía sus sueños, y estoy segura de que todas conseguimos cumplirlos.

Pero pensar en categorías femeninas, a un nivel como el de cualquier categoría de un campeonato nacional, es algo que a día de hoy sería imposible. Sería necesaria una mayor participación de chicas en este deporte, y por los motivos que sean, la integración en él sigue siendo muy lenta.

No me imagino a Ana Carrasco, María Herrera, Elena Rosell, o cualquiera de las chicas que actualmente destacan en cualquier campeonato, en una de aquellas carreras. ¡La mayoría de nosotras nos habríamos ido a casa llorando el primer día! 

De izquierda a derecha, María Herrera, Ana Carrasco, Montserrat Costa, Hyuga Watanabe, Laura Martínez y Mar Acebes, histórica presencia de seis mujeres en el CEV y en la Kawasaki Ninja Cup.


En mi primera carrera, una Mac 90 en Cartagena, también corría Elena Rosell. Ya la conocía de haberla visto en otras carreras, pero nunca había coincidido con ella en pista. ¡Impresionante como iba la tía! Era el principal objetivo a batir para la mayoría de los pilotos. ¿Quizá por el hecho de ser una chica? 

Con Ana y María también he coincidido en pista en alguna rodada hace años. ¿Te suena eso de ir "dándolo todo" y ver como un renacuajo te pasa por dentro de una curva, por dónde tú habrías jurado que era imposible entrar? Ahora, cuando veo que están consiguiendo lo que siempre han querido, hace que me sienta orgullosa de ellas. 

Ellas están acostumbradas a pelear con los chicos. Siempre lo han hecho, y saben que pueden ganar carreras igual que cualquiera. Dicen que en la pista no hay diferencias, todos son pilotos. Porque tienen claro que pueden llegar tan alto como ellos. Y es que, para que algo ocurra, lo primero que tienes que hacer es creértelo.

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