El efecto Marc Márquez

16.07.2014 | 13:46
Marc Márquez y Valentino Rossi
Marc Márquez y Valentino Rossi

Aprovechando el último 9 de 9 del astro de Marc Márquez y justo en vísperas de una nueva carrera de la Copa de España de velocidad que se disputa próximamente en Motorland, quiero aprovechar a escribir unas líneas sobre algo que vengo observando desde hace un par de años, que fue cuando entré más en contacto con las categorías inferiores del motociclismo.

Y cuando digo inferiores, me refiero a carreras de chavales pequeños, a partir de 9 o 10 años, y muy pequeños, de 5 o 6 en minimotos. Hablar sobre niños de tan corta edad puede resultar muy delicado, porque puede herir algunas sensibilidades, y porque cuando se tiene una gran pasión por lo que se hace es fácil no ver más allá de lo que uno quiere ver. Cuando yo corría, con 16-17 años, decían que era una joven promesa. Ahora si con 16 años ya no estás en el Mundial de Velocidad, parece que ya no eres nadie. Es una pena, pero es así. Los niños cada vez empiezan antes, cosa que si se hace con cabeza, no lo veo mal.

Desde hace unos años –y todo ello a pesar de la crisis económica que merma las posibilidades de muchas familias-, han crecido como setas las escuelas de pilotaje para chavales, cosa que me encanta. No sabría enumerar la cantidad de escuelas que hay solo en Madrid, 5 ó 6 por lo menos, y a poco que cada una de ellas cuente con 15 o 20 chavales, quizás solo en Madrid hay mínimo ¿100 enanos? cuyo sueño es convertirse en el próximo Marc Márquez. ¿Su sueño o el de sus padres? Este es el primer asunto sobre el que quiero reflexionar –y que reflexionéis-. Hablo con mucho conocimiento de causa cuando digo que hay casos en los que los chavales tienen la "responsabilidad" de saciar las frustraciones deportivas que han tenido sus padres; su padre en la mayoría de las ocasiones. Esto es peligroso, porque un niño tan joven tiene que hacer lo que le guste hacer a ÉL, no a nadie más, solo a ÉL. Una muestra de estos casos es cuando los niños son fuertemente abroncados por sus progenitores al bajarse de la moto cuando no han conseguido los resultados esperados por el padre. Y a lo mejor el niño – o la niña, que cada vez  hay más- está tan feliz haciendo la posición 20. Y esto ocurre.

El caso Lorenzo 

Y ese es – o debería ser- el "quid" de la cuestión, que los chavales que hagan motociclismo lo hagan principalmente por diversión. El problema del motociclismo es que es un deporte muy caro, y claro, cuando un padre se está gastando lo que tiene ahorrado – y a veces hasta lo que no tiene- en tratar de que su hijo sea una estrella en el Campeonato del Mundo, pero los resultados no son los esperados, es cuando vienen los malos rollos.  Malos rollos que en algunos casos son los chicos quienes lo pagan. Por eso lo primero que deben hacer los padres es ser realistas de cuáles son sus capacidades y hasta dónde pueden llegar, primero con su capacidad económica y segundo hasta dónde se le puede exigir a sus hijos. Porque no todos los niños aguantan la presión de igual manera. Yo, por ejemplo, fui compañero de equipo de Jorge Lorenzo cuando él tenía 11 años, y era increíble lo duro que era su padre con él, cosa que yo no entendía. Pero "Giorgio" lo aguantaba mejor que muchos adultos e incluso parecía pedir "más caña". Para mí en ese aspecto,  y de los casos que yo he conocido de cerca –que alguno más habrá- es un caso único.

El motociclismo español lleva ya unos cuantos años en auge, estaba antes y está más de moda ahora, pero la reciente aparición de Marc Márquez ya ha terminado de que cuaje del todo, incluso entre aficionados "futboleros" que nunca han sabido de motos y que ahora son los que más entienden. Para muchos, Marc ya es el mejor piloto de la historia del motociclismo (yo ya empiezo a pensármelo, dadme un par de añitos más). Además es un chaval de familia humilde, simpaticote y con carisma, que eso se tiene o no se tiene. ¿A qué padre de niño piloto no le gustaría tener un Márquez en su casa? Y, por supuesto, es habitual que los padres piensen que su niño es el mejor del mundo mundial dejando la objetividad de lado. Pero Marc Márquez, hasta que se demuestre los contrario, solo hay uno.


 

Marc Márquez solo hay uno

Vamos a hacer un ejercicio. Vamos a suponer que un padre –llamémosle Fulanito-, tiene un hijo que realmente parece un fuera de serie –llamémosle Jaimito-. Incluso vamos a suponer que Fulanito tiene una empresa que funciona más o menos bien y permite pagar los costes de las categorías inferiores para que Jaimito empiece a aprender el oficio de piloto. Con todas estas suposiciones, ¿qué probabilidades dirías que tiene Jaimito de convertirse en una estrella? Piensa un poco, ¿cuánto dirías? Pues bien, yo por mi experiencia diría que no tendría más de un 0,1% de posibilidades reales de convertirse en Campeón del Mundo, y dejaría en un 2% o un 3% las posibilidades de llegar al Mundial y hacerlo bien. No sé si este dato, totalmente improvisado, puede defraudar a alguien, pero es que creo que estoy siendo hasta optimista. Efectivamente, hay algunos chavales muy buenos que llegan al Mundial, pero salvo contadas excepciones son pilotos que han llegado más a base de euros que de talento. Y esto es otro aspecto que hay que tener claro desde el principio. Unos euros que puede poner el padre, un amigo del padre, un sponsor que haya buscado el piloto o, en menos ocasiones, el sponsor del equipo. Pero la fiesta alguien tiene que pagarla.

¿Por qué cuento todo este rollo? Pues porque me da mucha rabia que el motociclismo sea un deporte tan caro y tan injusto, y que en la mayoría de los casos las familias de los padres se gasten fortunas para nada. ¿Para nada? ¡¡¡Nooooo!!! Que un niño no se convierta en Campeón del Mundo no quiere decir que haya fracasado. El motociclismo aporta una serie de aptitudes y valores para la vida que no aportan otras disciplinas deportivas. La lucha contra uno mismo y contra el crono, competitividad sana, afán de superación permanente, capacidades de reacción rápidas e intuitivas dentro y fuera de la pista, capacidad de tratar con todo tipo de personas, aprender a reponerse de manera casi inmediata de las adversidades –que en las carreras, las hay, y muchas-, aprender a medir los problemas en su justa medida sin dramones y un sinfín de cosas más que se pueden aprovechar para la vida "normal". El motociclismo ayuda a madurar más rápido, te curte.

A veces se gana y casi siempre se pierde

Por eso digo que no hay que obsesionarse con el futuro. Hay que aprovechar el momento y hacer todo lo mejor que seamos capaces, pero nunca olvidando que las carreras de motos son competición, que deportivamente a veces se gana y casi siempre se pierde. Pero eso no significa que no se pueda disfrutar y aprender. Lo que hay que saber es dónde está el límite de cada uno y tratar de no superarlo.

Como algunos sabréis, llevo desde 2013 acompañando deportivamente a un chaval de 11 años que corre la Copa de España de 80 c.c, Manugasss. Personalmente es de las experiencias más gratificantes que he vivido en el mundo de la moto, aunque los sofocos que me llevo en las carreras no lo sabe nadie. Bueno sí, su padre Ángel, que se los lleva incluso más grandes que yo, y  que un día de estos le va a dar un "jamacuco" en alguna de las terrazas de los circuitos españoles donde vemos juntos las carreras. Si estoy haciendo esto es porque tanto yo como el entorno que le rodeamos  -por supuesto, incluido su equipo MS Racing el primero- creemos que tiene las capacidades de llegar algún día al Mundial y porque al enano le brillan los ojos cada vez que va a subirse a la moto. ¿Pero que tenga esas capacidades significa que lo va a conseguir sí o sí? Evidentemente no, pero lo estamos intentando aún a sabiendas que es una misión muuuy difícil. Influyen muchísimos factores: deportivos, económicos, profesionales, personales, lesiones o la "suerte".

La "suerte" de estar en el momento justo en el sitio correcto. Como Marc Márquez cuando en 2004 recaló en el equipo Racc Cajamadrid para correr el campeonato catalán de 125 cc, equipo que posteriormente fue absorbido por Monlau Competición, donde conoció a un tal Emilio Alzamora que era su director. Y el resto ya es historia.

Los próximos 26-27 de Julio se disputa en Motorland la cuarta carrera de la Copa de España de velocidad. Os puedo asegurar que en ese campeonato, en las categorías de 80 cc y pre-Moto3, hay auténticas figuras que nada tienen que envidiar a Márquez cuando tenía esos 11, 12 o 13 años. Auténticos pilotos cargados de talento e ilusión que quizás algún día lleguen al Mundial o quizás no, pero que mientras dure su sueño van a disfrutarlo al máximo, y espero que divirtiéndose. Quien quiera disfrutar de CARRERAS por todo lo alto, con parrillas repletas, que se acerque por el trazado aragonés. De verdad que merece la pena.



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