Mar Acebes: Especial Nº 100 de Fórmula Moto

02.04.2013 | 13:07
Mar Acebes: Especial Nº 100 de Fórmula Moto

En esta ocasión toca presentar a Mar Acebes, colaboradora de nuestra revista, y cuya pasión, como la de todas las personas que escriben en FM, es la moto. Es ella misma la que se da a conocer y la que nos cuenta lo que las dos ruedas supone para ella y todas esas imágenes y personas que ha conocido gracias a las motos y a las que nunca olvidará.

Siempre he pensado que soy una tía con suerte, y una de las cosas que me hacen sentir así es poder formar parte de esta gran familia que es Fórmula Moto. Felicidades por este número 100, y cien mil gracias por permitirme celebrarlo con todos vosotros.

Mira que empecé tarde en el mundo de las motos, pero son tantas las anécdotas que me han pasado desde entonces, que no acabaría nunca de contarlas. Una de ellas es sobre cómo empecé a colaborar en Fórmula Moto, y es que en la vida no hay nada como estar en el lugar adecuado en el momento justo.

Aún no sé muy bien porqué, asistí a una fiesta en la que Ismael Bonilla, junto con Juan José Fernández, celebraban sus victorias, cada uno en su categoría, del Campeonato Castellano-Manchego de Velocidad. La imagen que yo tenía de Bonilla era la de un tío, digamos... «un poco seco». Os cuento la razón. Estaba en una carrera de la Copa Pirelli en Motorland en la que él corría como piloto invitado, y para hacer honor a su fama de bayeta, se cayó en las dos mangas. Iba primero y con bastante ventaja sobre el segundo (no me odies Isma, porque sabes que te has ganado el título a pulso...). Me le crucé por el paddock, y al acercarme para preguntarle si estaba bien, miró para otro lado y siguió para delante. ¿Y este tío de qué va? Porque tan pequeña como para no verme no soy, pensé yo... El caso es que aquel día en la fiesta se acercó, como buen anfitrión, a preguntarme si lo estábamos pasando bien. Ya llevábamos unas copas de más, nos pusimos a hablar, y en un arrebato de sinceridad, le conté ese recuerdo que yo tenía de él y lo borde que me pareció en ese momento. Nos empezamos a reír y seguimos charlando durante un buen rato. Las carreras, las motos, su colaboración en FM, le conté sobre un par de pruebas que yo había hecho para un portal de motos... A partir de esa noche, no sólo se me abrieron las puertas para estar hoy aquí, sino que conocí al que hoy es un buen AMIGO. Sí, un amigo de esos con mayúsculas.

Creo que todas las personas que pasan por tu vida lo hacen por algún motivo, unas desaparecen rápido, otras se quedan durante años o para siempre, pero independientemente de esto, hay personas y momentos que te marcan de alguna manera especial.

Acababa de comprarme mi primera moto, cuando un amigo me animó a subir a ver las 24 horas de Montmeló. Era algo nuevo totalmente nuevo para mí. Además, lo iba a ver desde dentro, en el box de unos amigos suyos que participaban en la carrera. Allí vi por primera vez a Eva Blánquez. Corría con una Ducati 999R y era la única chica que participaba en aquella edición. Ver cómo tenían que ayudarla a bajarse de la moto al acabar uno de sus relevos por la mañana, su cara de agotamiento mezclada con las ganas de seguir... Esa mirada me impactó. Dije que yo algún día tenía que correr unas 24 horas, y alguien se empezó a reír. No he conseguido acabarlas y no sé si algún día me quitaré esa espinita, pero lo que sí puedo decir es que he participado en dos. Y es que quién ríe el último...

Luego están los que te dejan sin palabras. Como me pasó al terminar la segunda manga de una carrera de la Copa Pirelli en Castellolí. Volvía al box tras dejar la moto en el parque cerrado. Iba charlando con mi amiga Mónica, giré la cabeza y justo delante de mis ojos estaba ¡el mismísimo Troy Bayliss! Le saludé y con cara de tonta conseguí decirle que si me firmaba el mono. Me firmó en la pierna y mientras me daba dos besos me dijo algo que no llegué a oír. Yo intenté decir algo pero tampoco fui capaz de que saliera ni una triste palabra de mi boca. Ese trocito de mono no lo he vuelto a limpiar… qué menos después de haberme dejado literalmente «sin palabras».

Otros desde muy pequeños consiguen ganarte con su mirada. ¿Habéis visto la foto de portada del reportaje «Mamá, quiero ser piloto», publicado el mes pasado? Estaba viendo cómo entrenaban los niños de la escuela Lorenzo Competición de Toledo, y al ver la mirada de aquel niño de tres añitos, Rober, pilotando su minimoto, me enamoré de su expresión. Me impresionó como, desde tan pequeños, pueden llegar a transmitir esa pasión por las motos. Miedo me daría tener que pelearme con él al entrar en la primera curva en la salida de una carrera.

O los que te dan lecciones que nunca podrás olvidar. Fer, un tipo con un corazón enorme (algunos le conoceréis como B52fer). Yo estaba en el hospital con unas cuantas fracturas tras una caída, y tuve que estar unos meses en una silla de ruedas hasta que pude volver a andar. No tardó ni cinco minutos en llamarme cuando se enteró. Llamaba para darme ánimos, para que me armara de paciencia y que contara con él si necesitaba algo, porque serían unos meses duros. Fer lo sabía bien, la diferencia es que él no tuvo la misma suerte que yo, y lleva ya unos años salvando obstáculos desde su motosilla. Nunca pierde el humor, ni las ganas de hacer cosas, ni le falta una palabra de agradecimiento hacia su gente. Un auténtico crack que sigue remontando puestos en esta carrera con las mismas ganas con las que lo hacía en la primera.

Y las que me quedan por contar….pero eso ya lo iré contando en mi blog de formulamoto.es.
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