Para un rider

Km. 19.102. Para mi, un rider es un ser casi libre y es -casi- libre porque vive con una cadena invisible unido voluntariamente a su moto, de quien depende.

20.06.2011 | 15:06
Para un rider

Es alguien a quien en cualquier  época encontraríamos compuesto de dos partes: su cuerpo y su montura. Si buscásemos en la mitología podríamos reconocerle entre centauros y faunos. En tiempos pasados (y no tanto),  jinete permanente de cualquier ser vivo, cuanto mas rápido y salvaje mejor. En nuestro tecnológico presente, ligado a máquinas de acero y cromo con zapatos de caucho. Contraviniendo a Machado en la literatura, el rider puede volver sobre sus huellas, las vuelve a pisar siendo cada vez distinto, cada vez más pulido por la experiencia, cada vez -traza- mejor, demostrando que la voluntad y la constancia dan ese plus que nos aproxima a la perfección tanto en el circuito de la vida como en el trazado del camino o el negro asfalto. Un rider es un hombre valiente que es consciente del peligro, del suyo y del que casi siempre le provocan otros. A pesar de todo, no deja de ir adonde quiere porque sabe que el camino y el fin siempre justifican el riesgo controlado. Un rider es un soñador profesional. Sueña hasta que consigue su montura, cuando planifica su viaje, cuando lo lleva a la práctica, y sigue soñando cuando lo acaba porque ya piensa en el siguiente. Un rider es una persona afortunada, pertenece a un grupo que, aunque heterogéneo, siempre suele estar cerca por si les necesita, con quienes comparte alegrías, hazañas e incluso tristeza, porque el grupo a veces tiene que recordar la ausencia de otros compañeros riders de los que no se olvidan nunca y con quienes también disfrutaron. Un rider es generoso, comparte lo que tiene, lo que le gusta; lo hace de forma natural con sus -brothers- o -colegas-. Por esta razón les da lo mejor que puede, que generalmente es a sí mismo. Un rider siempre es paciente. Cuando se desplaza no importa cuando ni cuanto, solo el por qué. No suele dudar en parar el cronómetro si tiene que ayudar a otro rider, sin que le preocupe o altere, porque sabe que la carretera le esperará siempre en dirección a su destino agradeciéndole su generosidad. Un rider es casi, casi feliz. Cuando está en su moto vive como le gusta, va adonde quiere y está con quienes aprecia. Cuando rueda se acaban las etiquetas, las obligaciones y sólo queda lo -auténtiko-. Utiliza para este cometido sus herramientas: el cuero y lo metales. El primero le protege e identifica ante sus compañeros. Los otros se funden con él y le transmiten su fuerza, su resistencia y le provocan la risa de satisfacción que se adivina en la cara de -malo- que a veces se le pone bajo su casco. Tiene el privilegio de disfrutar con los demás, pero también es increíblemente libre cuando viaja solo. Es difícil encontrar otra cosa mejor y hay que rebuscar bastante para conseguirlo. Un rider es un ser rico, su tesoro se llena constantemente a través de sus ojos, piel, nariz y memoria; se va incrementando por donde pasa llenándole con lo que siente, el sabor de las comidas, las risas con los compañeros, aquella puesta de sol o aquel amanecer que le confieren una fantástica exclusividad. Todo se va acumulando en su -caja de caudales-, en su cuentakilómetros que sólo se detiene con su propia vida, registrando  todos los lugares y experiencias que construyen los recuerdos positivos que nunca se borran de nuestro cerebro a pesar del paso de los años, porque son tan especiales y placenteros que se quedan grabados como los tatuajes que llevamos. Este artículo ha sido facilísimo de escribir porque vosotros sois riders, y mi amigo Nacho y yo también. Tan sólo he necesitado usar mi memoria para recordar vuestros comentarios y mis pensamientos. Después, las palabras han salido solas como cuando empiezo a acelerar para empezar mi jornada al mismo tiempo que  disfruto de por qué y quién yo soy sobre mi motocicleta, y ese momento ya empiezo a notar lo especial que va a ser este nuevo día. Mucha suerte y ráfagas desde Bike O´clock,  Moto-taxi en Madrid, y como dice mi amigo Scotto: Felices Vientos.

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