Tímidos con mirada felina

Hoy me vais  a permitir que no os comente una vivencia de trabajo y que os escriba sobre  sensaciones que percibo en mi faceta de socio de honor de la Escuela de Motociclismo XE Racing y como patrocinador del equipo Bike O`clock & Borja Maestro de Minimotard A.

30.05.2011 | 00:49
Tímidos con mirada felina

Desde que les acompaño (es única escuela de motociclismo que trabaja actualmente en la Comunidad de Madrid con chicos en una horquilla de edad entre los cuatro y once años) he tenido la oportunidad de verles actuar y de escuchar los comentarios de sus padres. En general hay un denominador común: casi todos, antes de iniciarse en el mundo de la moto,  eran bastante -tímidos-, algunos  tenían dificultades para comunicarse en su entorno y, en pocos casos, con algunas dificultades en sus estudios. Con el tiempo, los padres me van comentando que a partir de su incorporación a la escuela han empezado a mejorar significativamente en todos los sentidos, tanto a nivel lectivo como de comunicación social y de relación familiar. Eso me hizo recordar que, siendo un chaval,  esto coincidía con alguna de mis características personales y que también fui un gran tímido. Por suerte, empecé muy pronto a hacer deporte a nivel competición. La disciplina y el orden unido a los resultados consiguieron que empezase a tener bastante confianza en mi mismo. Creo objetivamente que eso ha influido de manera muy favorable en mi formación y en  mi perspectiva actual de la vida. Al igual que los chicos de la escuela, yo encontré mi mejor medio de comunicación pilotando mis primeras motos, y tuve el primer concepto de -coreografía- viendo las carreras de 500. El entorno que recuerdo me hizo identificarme inmediatamente  con el  -clan de los moteros-, quienes siempre se han significado por su unión y su camaradería. Nuestras -manías-: casi de forma automática nos detenemos cuando vemos a un compañero en apuros, nos saludamos siempre (alguno se va despistando), antes con nuestras ráfagas y ahora con nuestras -uves-. Nunca he visto una bronca en ningún circuito ni concentración a la que he asistido, cualquier situación incómoda se ha solucionado casi antes de empezar. Y siempre denominadores comunes  de nuestro colectivo han sido el buen humor y -la buena comida-. ¿Quién no se apunta? Creo que muchos de nosotros hemos aprendido a exteriorizar nuestros sentimientos positivos a través de un manillar. Me reconozco en la actitud de estos pezke-grandes (no les gusta que les llame pezke-ñines) y consigo imaginar su posible trayectoria como personas. Les veo ponerse el casco de forma natural, pedirme que les suba el mono y les ajuste las botas, les veo competir con una fuerza increíble y ¡meterse rueda! en las curvas con la valentía que da la poca edad.  Después, cuando terminan las tandas,  juegan, comparten comida, se pelean e inmediatamente se abrazan (en esto les echan una buena mano los padres, que todo hay que escribirlo) y tienen una forma totalmente natural de demostrar su integración en todo lo que es -social-: con su ritos de vestuario  se integran en las normas, con su actitud dentro y fuera de la pista en la vida. La verdad es que este tipo de experiencias me llena de una estupenda sensación de -aire fresco- que me llega a través del humo de los escapes de sus mini-motos y constituye uno de los momentos más divertidos que tengo la oportunidad de disfrutar actualmente. Os invito a disfrutarles conmigo. Ráfagas a todos desde mi moto-taxi.

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